lunes, 21 de octubre de 2013

La jauría de los iguales


Borrando el nombre de atletas, demonizando el profesionalismo, gritando consignas… Fiel al régimen, la prensa deportiva cubana posterior a 1959 ha sido un arma política.
Grande es la verdad, pero todavía mayor,
desde un punto de vista práctico, es el silencio de la verdad
Aldous Huxley

La prensa deportiva posterior a 1959 ha sido cautelosa por exceso y abrumadora por defecto. Consignas iniciales como "Listos para vencer" y "El deporte, derecho del pueblo", logran mantener la esencia de una gesta verbal en clase épica. La crónica roja del régimen prerrevolucionario dio paso a la sangre numerosa de la insurrección triunfante. Ya era hora que el deporte amateur barriera con el espectáculo de puños y piernas rentadas, la discriminación racial y el sensacionalismo. Divulgación y propaganda serían la espada y escudo de los periodistas que decidieron permanecer en su tierra y subirse al tren de la esperanza.
Sin la malicia herética y formación cultural de otros colegas, los reporteros de la esfera atlética se alistan a la "causa justa" con espíritu redentor. Su tarea de choque es la de ser traductores eufóricos del lenguaje hegemónico. Un teórico francés de la disciplina-bloqueodijo que "el teatro es la indignidad de hablar por otro". De modo paradójico, el diagnóstico sintetiza la dignidad mayor de la prensa deportiva insular.
A pesar de contar en su trayectoria con abandonos y deserciones, el grueso de sus impostados actores se ha plegado a la maquinaria estatal con el mismo rigor que exige conservar bien alto el honor de la patria. El giro emergente hacia una especie de semi-profesionalismo contemplará un cambio de tono, bajo la salvedad de continuar atentos a las órdenes de arriba que será preciso cumplir.
En el nombre del padre
El protagonismo tiránico de Eddy Martin (1929-2006) y Héctor Rodríguez (1946-2012) en la narración televisiva, sentó las bases de una escuela concentrada en demostrar que los muñecos del ventrílocuo único también pueden aspirar al sueño de la permanencia. Gracias a la perseverancia y lealtad de sus malabares vocales, Héctor y Eddy fundieron técnica y táctica para reinar durante más de treinta años en una carrera sin relevos que solo interrumpió la muerte.
Adorar la verdad foránea tanto como la mentira autóctona. Estallar con el triunfo y enmudecer ante la derrota. Culpar de una victoria en el bolsillo al sujeto o situación conveniente. Demonizar al profesionalismo abierto y los yanquis de entonces. Borrar de la memoria a los atletas fugados o caídos en desgracia. Enamorarse de un pelotero hasta llegar al mimo sospechoso. Ser apéndices de la Comisión Nacional de Béisbol. Cambiar de tema en plena efervescencia popular, debido a sanciones injustas contra figuras encumbradas por ellos mismos.
Lo anterior es parte del legado que nos deparó aquel binomio cuadrado perfecto, como "ejemplo a seguir para los que hoy comienzan".
Alguien curtido en la sátira política sostiene que "tontos y pícaros coinciden siempre en la desinformación". Dicho axioma sintetiza el dilema entre masa y poder latente en el ámbito social y deportivo insular. La batalla simbólica entre los chismes de aldea y esos loros de turno reñidos con una mínima transparencia ante cámaras y micrófonos.
Demagogia y populismo es una redundancia en comentaristas saciados de internet y publicaciones especializadas. Tal parece que "complacer a la afición" estriba en vociferar logros racionados, en lugar de analizar críticamente el ocaso del movimiento deportivo.
El televidente agradece cuando las trasmisiones de cadenas hispanas conservan a sus narradores originales. Sucede que los artífices del patio menos especializados se dedican a brindar fichas biográficas y cronologías históricas, sin emitir criterios personales de lo que acontece en el escenario atlético. ¿Se imaginan un duelo entre las tenistas punteras del ranking mundial femenino Serena Williams (EEUU) y Victoria Azarenka (Bielorrusia) comentado por una dupla nuestra?
Hacer de tripas corazón
¿Qué justifica la ausencia de velocistas y fondistas durante el Mundial de Atletismo Moscú-2013? ¿Debemos aceptar que un impredecible Víctor Mesa siga al mando del team Cuba, a pesar de su abuso de poder, grosería y método irracional de conducir hombres? ¿Será crucial el precedente de haber sido el pelotero favorito de Vilma Espín? ¿El despotismo de un carismático Gran Timonel podría rescatar a los tripulantes de un barco a la deriva? ¿Dónde estará metido el ex-rematador de la selección cubana de voleibol Wilfredo El Bebé León en su nuevo estatus de no-persona? ¿Qué significa en el argot de la nomenclatura "violar el código de ética revolucionario"?
Atrapar un raquítico periódico Granma o Juventud Rebelde, encender la radio o sintonizarTeleRebelde (El Canal de los Deportes en Cuba) deviene un absurdo más. Allí no conseguiremos despejar ninguna interrogante. La jauría de los iguales silencia este tipo de confesiones. El triunfalismo del presente se impone a la suma de injusticias y fracasos. En Cuba se sabe muy poco de Cuba, según los medios de comunicación masiva.
Ni siquiera se abre un espacio para el negocio de la nostalgia. Nadie habló del reencuentro en Florida de los exjugadores de equipos capitalinos de béisbol Rey Vicente Anglada y Bárbaro Garbey, al cabo de treinta y tres años de sobrevida, incomunicación y espera. Tampoco se mencionaron las visitas a Cuba de José Ariel Contreras o Rey Ordoñez, quienes regresaron dispuestos a vencer el miedo a un supuesto rechazo de la afición o de sus antiguos compañeros.
Otros se limitaron a retornar prácticamente de incógnitos, como los baloncestistas Roberto Carlos y Ruperto Jr. Herrera, quienes volaron a La Habana procedentes de Buenos Aires y Miami. Todo un secreto a voces a nivel de amigos y familiares cercanos. La Reforma Migratoria trajo el alivio de abrazos pendientes.
Tampoco el furor de la inmediatez satisface el interés de los aficionados. Un partido de la liga española de fútbol es más importante que el derby de jonrones conquistado por Yoenis Céspedes en la más reciente temporada de las Grandes Ligas. Un posible fichaje millonario requiere un seguimiento que no merecen las lecciones boxísticas de Guillermo El ChacalRigondeaux. Todo se puede resolver con un largo y tedioso resumen de la Bundesliga alemana. ¡Qué pasaría si "la liga mejor organizada" (según dijo uno de acá lejos de allá) estuviera poblada de futbolistas cubanos titulares en sus respectivos clubes!
¿Masa vs. multitudes?
Cómo es posible recuperar el interés masivo por el béisbol, si el fútbol como "deporte de las multitudes" disfruta de una cobertura televisiva superior a la pelota como "deporte nacional". Incluso, las trasmisiones de Grandes Ligas ofrecen la impresión de que ningún cubano se alista en las novenas regulares de los equipos élites. La selección de partidos que se brindan ante la teleaudiencia insular requiere de un detector de cubanología.
El complejo de Mesa Redonda, donde todos los panelistas simulan "estar de acuerdo", también matiza la prensa deportiva. Se torna difícil presenciar una confrontación en un programa supuestamente destinado al debate como "Al duro y sin guante". Al frente de este consenso premeditado, encontramos a Rodolfo García Lozano, rancio sustituto del "titán de la locución cubana", Eddy Martin.
Sentado en su tribuna de vidrio, éste camaleón histriónico induce a sus invitados por la senda de un optimismo ramplón. A la sombra de su mesura sonora, los enfoques y recuentos obsesivamente enciclopédicos de Renier González, así como la precaución del refinado Sergio Ortega sucumben al monólogo del obeso ideológico.
Desviar la atención de problemas locales con tramas globales es una vieja artimaña política. Un periodismo "ameno, militante y creador" tiene la misión histórica de reivindicar esta opción estratégica. El escamoteo como mentira piadosa convierte al engaño en virtud. La melancolía de los conejos entusiastas se transforma en una cacería de leones fajados por destripar presas exóticas. Es decir, el compromiso de estudiar y promover el no-compromiso.
"No hay cosa que mate a un hombre más rápido que obligarlo a representar a su país" (Julio Cortázar). Frase lapidaria que lastra por igual al deporte cubano y sus fieles reporteros. Vaciados de instinto de rebelión, unos y otros le entregan su alma y cuerpo al diablo por un viaje al extranjero, para endurecer el nudo de su envilecimiento.
Obediencia y solemnidad no riman en el imaginario de multitudes despiertas. Rejuego político y frescura competitiva no pueden ser las dos caras de una misma moneda. El patrioterismo hereditario de la prensa oficial rechaza el desacato y sentido del humor genuinos de la sensibilidad popular.
Los voceros del puritanismo amateur se niegan a reconocer la mediación publicitaria y especulación financiera dominante en el contexto deportivo universal. Una vasta región donde principios como nación, Estado o fidelidad a los grandes hermanos ya no cuentan. El nuevo sistema de pago a los atletas y entrenadores será un tema postergado, hasta que ya sea imposible remendar la máscara de "regalarle al pueblo el alegrón que se merece".
Mientras el deporte nacional emigra, tropieza y se autodestruye, los habitantes confinados en el archipiélago de corcho (víctima y verdugo del acoso imprescindible) inventan, carean y blasfeman en las ruidosas y vigiladas peñas callejeras, clamando por el diluvio de una catarsis informativa que nunca llega.


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