lunes, 15 de mayo de 2017

Miembros de la Pena MLB













Yulieski Gurriel se acopla poco a poco a las Grandes Ligas en los Astros


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En menos de un año, el infielder cubano Yulieski Gurriel ha tenido que adaptarse a un nuevo país, un nuevo béisbol y una nueva posición defensiva. Y desde el punto de vista de los Astros de Houston, se ha acoplado bastante bien.
Tras batear .337 con porcentaje de embasarse de .421 y slugging de .582 en 15 temporadas en la Serie Nacional de Cuba, Gurriel firmó con los siderales por cinco años y US$47.5 millones en julio del 2016. Hizo su debut de Grandes Ligas en agosto y tuvo promedio .262 con tres jonrones y 15 carreras producidas en 30 compromisos como ligamayorista.
El oriundo de Sanctí Spíritus amaneció el sábado bateando .274 con dos jonrones y nueve remolcadas en 31 partidos por Houston esta temporada. Su comienzo fue lento, ya que tuvo promedio de apenas .243 en sus primeros 11 compromisos de la campaña. Pero en sus últimos 20 partidos, lleva promedio de .289 y se ha volado la cerca dos veces.
Entre los desafíos que ha enfrentado Gurriel se encuentra tenerse que adaptar a la zona de strikes de Grandes Ligas, que es más pequeña que la que se utiliza en Cuba.
"Soy un atleta que vengo adaptado a ser muy agresivo en el home, viendo que la zona [de strikes] es mucho más amplia", le dijo Gurriel a LasMayores.com. "Aquí me la encuentro más pequeña, entonces tengo que ir haciendo los ajustes. Ya no tengo que ser un bateador tan agresivo. Por eso he tenido problemas al principio de la temporada, pero creo que son cosas que se pueden ir limando".
Aunque en Cuba jugó mayormente como tercera base, ante la presencia de Alex Bregman en los Astros, Gurriel comenzó la campaña del 2017 como el inicialista titular de Houston. Ha cumplido en dicho rol e incluso no ha cometido error defensivo alguno este año.
De su parte, el manager de los Astros, A.J. Hinch, dice estar a gusto con la evolución del cubano, tanto al bate como en la primera almohadilla.
"Su adaptación a la primera base ha sido mejor de lo se esperaba", dijo Hinch. "Tratándose de alguien que ha jugado toda su vida casi exclusivamente en el lado izquierdo del diamante, se ha acostumbrado a la primera base y se enorgullece de dominar los matices que conlleva esa posición.
"Ofensivamente, creo que es un bateador muy inteligente. La primera impresión de él era que se trataba de un muchacho que hacía swings todo el tiempo, con cualquier cuenta, a cualquier pitcheo en cualquier localización. Pero creo que está mejor preparado y que es más inteligente de lo que se reconoce. No trata de hacer demasiado. Batea mucho por el suelo. Controla sus turnos al bate. Con su personalidad, me siento muy a gusto con él".
Veterano de mil batallas
Gurriel, de 32 años de edad, ha sido uno de los jugadores cubanos que más se ha destacado a nivel internacional. Además de disputar los primeros tres Clásicos Mundiales de Béisbol con la selección cubana y tres Series del Caribe, representó a Cuba en los Juegos Olímpicos del 2004, donde ganó una medalla de oro, y en los Juegos Panamericanos del 2003 y del 2007.
En el 2014, Gurriel también vio acción en 62 compromisos por Yokohama DeNa BayStars del béisbol japonés, por quienes tuvo promedio de .305 con 11 jonrones y 30 remolcadas.
Aunque está de más señalar que hubiese preferido poder demostrar su talento en la Gran Carpa cuando era más joven, Gurriel considera que haber llegado en calidad de veterano ha tenido sus ventajas.
"La juventud es algo bien valioso", dijo Gurriel. "Pero a la vez, me ha sido de mucha ayuda haber jugado tanto tiempo en Cuba, internacionalmente. He estado en Japón; eso también me ayudó mucho para que a la hora de adaptarme aquí no haya sido tan brusco el cambio".
Gurriel y su hermano menor, Lourdes Gurriel -- ambos hijos de otra leyenda de la pelota cubana, Lourdes Gurriel padre -- desertaron en febrero del 2016 en la República Dominicana después de la Serie del Caribe celebrada en dicho país.
Lourdes, de 23 años de edad, se encuentra en el sistema de los Azulejos, con quienes firmó por siete años y US$22 millones en noviembre. Ahora mismo, el versátil jugador, capaz de defender tanto en el cuadro interior como en los jardines, está fuera de acción por una lesión en la corva derecha que sufrió en su primer partido de liga menor por Clase A Dunedin.
De su parte, Yulieski trata de compartir todo lo que ha aprendido sobre la vida como ligamayorista con su hermano menor.
"Es una experiencia muy nueva para nosotros", dijo Yulieski. "Yo he tenido la posibilidad de llegar primero que él, entonces le he ido transmitiendo todo - todas las formas de jugar aquí en Grandes Ligas, lo que te piden los dirigentes. Hasta ahora no ha tenido mucha suerte - ha estado lesionado ahora al principio - pero lo he ido ayudando en todo lo que he podido y lo ha ido asimilando bastante bien".

Aroldis Chapman se convirtió en el 1er lanzador cubano en ganar un juego de #SerieMundial desde J. Contreras (2005) y el 1ero de #Cuba 🇨🇺 en salvar un juego de SM. MLB Cuba

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1993....Cuba vs Senadores de San Juan

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Elogio del pelotero cubano


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Por: Enrique Ubieta Gómez 5/13/2017
Foto: Ricardo López Hevia
Sé que estas palabras se moverán a contracorriente, que el consenso que existe no respalda mi fe. Pero los consensos no son verdades, se construyen. A veces, expresan realidades; a veces, las producen. Un lento y arduo proceso de construcción ha convencido a muchos de la superioridad del profesionalismo (que no es igual a profesionalidad) en el deporte, sobre el ya casi extinto ideal del amateurismo. Y ese convencimiento –sobre el que pesan mitos, argumentos y deserciones bien remuneradas: toda una estrategia de imposición persuasiva–, ha disminuido nuestra autoestima en el deporte nacional. El más reciente Clásico Mundial –no por la ubicación conseguida en él, sino por las sucesivas derrotas que sufrió nuestro equipo en la segunda etapa, la última por nocaut– ha sido, para decirlo en términos beisboleros, el puntillazo. Algunos han dicho, supongo que sin alegría, «al fin podemos apreciar el nivel real del béisbol cubano».
No estoy de acuerdo con esa frase. Mi posición no pretende que se ignoren deficiencias y carencias actuales –organizativas, técnicas, incluso conceptuales– que sin duda afectan a nuestro deporte nacional, desde sus bases hasta el nivel superior. Durante décadas sostuvimos una Serie Nacional de alta calidad, a pesar de que el número de equipos y peloteros involucrados no se correspondía con la cantidad de habitantes en el país; en realidad, tampoco se «corresponde» la cantidad de médicos, de científicos o de bailarines clásicos, para solo citar tres ejemplos, pero de eso se trata cuando se habla de Revolución. Ello no significa que hoy, ante circunstancias nuevas, no podamos reestructurar la Serie y disminuir la cantidad de equipos contendientes ­–aunque esa no es la solución real–, para mantener la calidad.
Pero sobre estos y muchos otros temas, ya se ha escrito.
Quiero exponer mis criterios personales sobre aquellos tópicos que sobrepasan lo estrictamente deportivo, y que sin embargo lo condicionan. Porque la derrota transitoria del sistema deportivo socialista –que el atleta de alto rendimiento sea un profesional no significa que aceptemos gustosamente las reglas del profesionalismo; el socialismo no puede prescindir del mercado, pero se opone por esencia al mercantilismo en el arte y en el deporte–, es una de las consecuencias naturales de la derrota transitoria del ideal socialista. Dejaron de existir los escenarios internacionales de prestigio para el deporte amateur, y la guerra en torno al deporte cubano, y al béisbol –que es parte de la identidad nacional, de la autoestima que la Revolución sembró en el pueblo–, se intensifica.
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La desaparición del llamado «sistema socialista» tuvo un efecto económico devastador en el país, y sin dudas, también, en el deporte cubano. Sin embargo, ninguno de los tres primeros Clásicos logró demostrar la inferioridad del béisbol nacional. Recuerdo que en días previos al I Clásico, los medios contrarrevolucionarios auguraban la más rotunda derrota de Cuba y la politizaban. En una publicación en Internet que supuestamente abogaba por el reencuentro entre cubanos, se afirmaba:
«El Clásico Mundial de Béisbol (CMB) dará la posibilidad, de una vez y por todas, de comprobar cuál es el nivel real del béisbol cubano. […] Alejada del mejor béisbol del mundo por casi cinco décadas, Cuba competirá con una presión adicional. El equipo de la Isla no puede darse el lujo de una derrota aparatosa, pues se derrumbaría toda la propaganda montada durante tantos años. El béisbol ha sido el principal baluarte de una política propagandística dirigida a demostrar la superioridad del sistema deportivo cubano […].»
Algún comentarista llegó a decir que si Cuba no llegaba a la discusión de la medalla de oro, se evidenciaría «el fracaso del sistema deportivo revolucionario». Era tal el deseo de que el equipo cubano naufragara, que ese mismo medio, en un editorial de la redacción, estalló de alegría cuando caímos en el primer juego frente a Puerto Rico –con marcador similar a la reciente derrota frente a Holanda, por cierto–, y se apresuró en la organización del entierro:
«El marcador, 12 x 2, refleja la derrota más abultada del equipo cubano desde que el régimen de Fidel Castro decidiera darle la espalda al mundo profesional del béisbol. (…) Fuera de la burbuja propagandística del castrismo, el equipo nacional se vio desamparado y sin respuesta ante una novena que le arrolló en todos los ámbitos del juego. Tras más de cuatro décadas de politización de la vida cubana en general, y en especial del deporte y del béisbol, se hace muy difícil para los aficionados obviar tras el partido un enfoque desde esta perspectiva. Y lo que acaba de pasar, impensable en un año como 1959, dice mucho de la situación actual del país».
¿Quién politiza qué? El mercado politiza todo lo que toca, a favor del capitalismo por supuesto. La verdadera despolitización del deporte es su no mercantilización. No se trata de una discusión técnica o de preferencias organizativas; la sola posibilidad de que un país pobre, con políticas masivas y gratuitas de atención al deporte y a la educación física pueda producir peloteros del nivel de aquellos que devengan millones en un negocio extraordinariamente lucrativo, es inadmisible para los que ostentan el poder global. Una periodista de origen cubano escribía el 27 de marzo del 2006 en El Nuevo Herald, al finalizar el I Clásico:
«Aunque puse cara de póker durante las dos semanas que duró el torneo, hacia el final, en vísperas del juego definitivo entre Japón y Cuba, me hicieron la pregunta inevitable: ¿quién quieres que gane? Y les contesté la respuesta, para mí, inevitable: en todos y cada uno de los partidos he deseado fervientemente que Cuba perdiera».
Sin embargo, cuando se obtuvo el subcampeonato frente a Japón, ningún medio, ni siquiera los nuestros –hay que confesar que, acostumbrados a ganar, nos sentimos insatisfechos con ese segundo lugar– invirtió los términos de la apuesta y exclamó: ¡Cuba ha demostrado tener un sistema deportivo superior! Ninguno de los tres primeros Clásicos, por otra parte, reivindicó la real calidad del equipo estadounidense, pero la prensa de aquel país no habló de crisis (no tenía por qué) en el béisbol de los Estados Unidos.
Foto: Ricardo López Hevia
Durante el II Clásico, los vaticinios de la contra fueron más cautelosos. Entonces empezó el largo recuento de las glorias deportivas que tuvo Cuba antes de 1959, para fijar la idea de que los triunfos en la pelota nada debían a la Revolución. Es algo que se repite, el deseo genuino por rescatar la historia acaba siendo manipulado: hubo cine antes de 1959, pero la Revolución unió arte e industria y desarrolló lo impensable, un cine nacional; hubo una Alicia Alonso antes de 1959, pero la Escuela Cubana de Ballet es hija de la Revolución; hubo médicos brillantes en las primeras décadas del siglo XX, pero nunca antes el país alcanzó cifras tan bajas de mortalidad infantil ni soñó con tener el más alto índice de médicos por habitante del planeta, entre otros ejemplos. Quiero citar las palabras de un reconocido estudioso del béisbol cubano, el estadounidense Peter C. Bjarkman, coautor de los libros Smoke: the romance and lore of cuban baseball (1999) y A History of Cuban Baseball, 1864-2007 (2da. edición, 2014), en una entrevista concedida al bloguero Reynaldo Cruz:
«La Era Dorada del Béisbol [en Cuba] está en las últimas décadas y no con la limitada liga invernal profesional de La Habana en la primera mitad del siglo XX. ¿Por qué? (…) Uno no podía imaginar a las principales estrellas cubanas en los años 50 compitiendo contra los mejores de las Grandes Ligas como lo hicieron Cepeda, Paret y compañía en el primer Clásico en el 2006. Incluso con las trabas políticas, Cuba envió más nuevos jugadores a las Grandes Ligas (nueve) este año [2014] que en cualquier temporada precedente en la historia. Los peloteros cubanos (y por tanto el béisbol cubano como un todo) son mucho, mucho mejores en las dos últimas décadas que antes de 1960. También la Cuba posrevolucionaria tiene ahora una liga verdaderamente a escala nacional, mientras el béisbol profesional en la Isla antes de Fidel estaba mayormente restringido a solo cuatro equipos en la ciudad de La Habana (y más de la mitad de los jugadores en esa vieja liga invernal eran realmente norteamericanos y no cubanos de nacimiento)».
Es curioso que Bjarkman sostenga su polémico criterio –llega a decir: «Creo que los jugadores en Cuba durante los últimos diez años son los mejores»– sobre la base del exitoso comportamiento de los peloteros cubanos contra sus similares de Grandes Ligas, en sus encuentros correspondientes al Clásico y en sus inserciones posteriores en ese circuito profesional, ya que ese es el patrón de medida impuesto, y subestime a las figuras de las décadas del 70, 80 y 90.
Lo cierto es que más allá de hasta dónde avanzaron los equipos nacionales en los primeros tres Clásicos –en cada uno de ellos, la escuadra nacional era «evaluada» como inferior a sus rivales de la Gran Carpa e incluso, de otras ligas profesionales, aunque se le exigía el triunfo inobjetable, lo que creaba en sus integrantes un estado sicológico adverso que se unía al acoso político y de los cazatalentos–, la presencia cubana dejó una huella positiva. De hecho, muchos de los integrantes del equipo nacional que desertaron y se incorporaron al circuito de Grandes Ligas, brillaron también en sus filas –y hubo quienes no desertaron (los Lazo, Cepeda, Vera, Despaigne, etc.) y eran superiores a muchos de los que tuvieron éxito en aquella «otra pelota»–, lo que desmiente la aseveración de que no eran peloteros de ese nivel.
Previo al IV Clásico, un sitio anticubano, sabedor de que la mayoría de nuestros representantes en las primeras ediciones ya jugaban en otros países, difundió algunas estadísticas sorprendentes: el bateador de mejores números y el pitcher de mejor desempeño en la historia de esos eventos, pertenecían al vilipendiado equipo Cuba. Del primero, Frederich Cepeda –que prefirió vivir y jugar en Cuba–, decía: «entre los 541 bateadores que se han parado en el plato desde el 2006, lidera categorías tan importantes como las de carreras anotadas (17), hits (31), extra bases (15), dobles (8), jonrones (6) y empujadas (23)», y añadía: «En las primeras tres ediciones, Cuba ha dejado los mejores dividendos en promedio (único equipo que compila para 310, con 30 jonrones y 69 extra bases)».
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Foto: Ricardo López Hevia
Un artículo publicado el 19 de octubre del 2016 en El Nuevo Herald era titulado con cínica satisfacción: El béisbol se hunde en Cuba, pero sus peloteros brillan en las Grandes Ligas. Es poco serio discutir sobre la real o supuesta merma de calidad en las Series Nacionales y en los equipos cubanos, si no mencionamos el continuado desangramiento que producen las deserciones (el robo) de peloteros consagrados y de talentos en desarrollo. Tampoco es posible ignorar las consecuencias de la debacle económica de los años noventa. La pregunta es: ¿funcionaba o no el sistema deportivo revolucionario?, ¿producía o no peloteros y equipos de primer nivel mundial?, ¿era o no una inobjetable conquista el quinto lugar que alcanzamos en las Olimpiadas de Barcelona? La respuestas a estas preguntas son vitales, porque la intención de nuestros adversarios históricos es pasarle la factura al socialismo del «estado actual» del deporte cubano. Con los peloteros que abandonaron el país y hoy son estrellas en diferentes organizaciones del béisbol profesional –me refiero a los formados por el sistema cubano, algunos de ellos, exmiembros de nuestro equipo nacional, por mucho que quiera atribuírsele a los compradores el haber limado posibles deficiencias– podrían confeccionarse varios equipos de nivel mundial.
Lo que nadie dice es que el bloqueo estadounidense obliga a los peloteros cubanos que se insertan en Grandes Ligas a vivir fuera de la Isla, y los estimula a hacerse pasar por opositores al sistema (aunque no todos acepten ese papel).
Tampoco suele mencionarse un elemento moral que atañe a quienes deciden, incluso en esas condiciones, abandonar el país y el equipo nacional –en la sociedad que queremos construir, el mercado tiene que ser confrontado por la moral–: esos peloteros aceptan la oferta de un sistema que intenta desangrar a su Patria, porque quieren alcanzar una gloria personal, material o deportiva, que no puede esperar –el tiempo deportivo es corto– a un contrato digno. El monto del dinero recibido no los dispensa de la indignidad.
Mi punto es este: aún cuando ese dinero que la MLB desembolsa –haciéndose cómplice de la trata de personas– tenga en parte motivaciones políticas, también pone de manifiesto la calidad de los peloteros cubanos. Los estadounidenses saben unir política (o más certeramente, guerra) y negocios. Calidad que se extiende a los cubanos que ahora integran equipos españoles, mexicanos, boricuas, venezolanos y asiáticos, exjugadores de series nacionales que nunca clasificaron o sí, para el equipo del país. Entonces, ¿cómo es que, a pesar de esa continua sangría, el equipo Cuba –sin un solo pelotero no nacido en su territorio, sin uno solo proveniente de las Grandes Ligas, sin un solo integrante formado en otra escuela que no sea la propia– logra recomponerse año tras año? Más aún, ¿por qué se habla de crisis de la pelota cubana, si cada año la escuela nacional aporta, de la peor manera, nuevas estrellas o prospectos a la Gran Carpa? ¿Por qué no se habla de crisis en la pelota caribeña, si sus series nacionales son cada vez más breves y con menos equipos, y en ella son indispensables los talentos extranjeros?
Hay que cambiar dinámicas en el béisbol nacional, empezar otra vez, cuesta arriba, con los más noveles, con los que no nos abandonaron –la guerra en torno a los símbolos nacionales, incluye a la pelota–, pero para eso todos tenemos que cambiar, incluso nosotros, los aficionados. Si perdemos la autoestima como afición, si dejamos de creer en los que salen al terreno a entregarnos lo mejor de sí, si el lugar de prestigio deja de ser el Latinoamericano, el Guillermón Moncada, el Sandino o el Capitán San Luis y pasa a ser el Yankee Stadium, los peloteros jóvenes no tendrán opción. En este sentido, Alfredo Despaigne hace un invaluable aporte: ha transitado por los mecanismos que la Comisión Nacional ha abierto en Japón y cada dólar suyo –salud, educación para los hijos, casa propia– se triplica para su provecho en Cuba. Vive y disfruta su Patria, y al dinero que gana une el amor, la veneración de su pueblo.
Sí, el mundo ha cambiado. Hay que adaptarse a las nuevas condiciones. Eso no significa que dejemos a un lado los principios del amateurismo. El mundo ha cambiado, pero nosotros no hemos renunciado a construir una sociedad socialista. El retorno de Cuba a los escenarios del profesionalismo, que ya son todos, no es una victoria. Es una derrota la conversión de las Olimpiadas en bazares inescrupulosos, en los que todo se vende, se publicita y se compra. Es una derrota –que la Humanidad subsanará algún día– la desaparición del espíritu amateur en el mundo. Escuché apostillar a un comentarista que alababa el regreso de Cuba a la Serie del Caribe que de ella «nunca debimos haber salido», y a otro que enfatizaba que de aquel evento nunca quisimos irnos, sino que nos echaron: no, queridos lectores, abandonamos con toda lucidez la senda del profesionalismo (probablemente nos echaron, pero igual ya nos íbamos), y esa fue una decisión sabia –«el triunfo de la pelota libre sobre la esclava», en palabras de Fidel– que hoy, con pesar, no podemos mantener. Lo que a partir de entonces denominamos amateurismo fue el esfuerzo del socialismo histórico por rescatar el deporte de las trampas del mercantilismo.
Nuestros peloteros, claro que son profesionales, eso lo he dicho en otras ocasiones, y deben ser remunerados en correspondencia con su rendimiento –el país necesita extirpar los falsos y dañinos igualitarismos–, pero siempre han jugado con espíritu amateur, y eso nos hace superiores. Conservar ese espíritu, en las aguas turbulentas del profesionalismo, es un reto que debe afrontar el deporte cubano. Aprendamos de los otros sin disminuirnos, sin que la descripción de un juego se convierta en el catálogo de los aciertos del contrario y el azote y la desconfianza evidente en la fuerza de los propios. Revisemos y reparemos las deficiencias, con la convicción de que el béisbol cubano no es inferior al de nuestros vecinos. Nadie duda de que en las Grandes Ligas, donde se reúne el talento mundial usurpado a fuerza de dinero, se juega un béisbol de alta calidad. Pero ellos, sus promotores, no dudan de que en una pequeña isla del Caribe, sin dinero, con la voluntad política de un Estado revolucionario, se producen peloteros espectaculares. ¿Lo dudamos nosotros?

viernes, 5 de mayo de 2017

Liván Moinelo: Voy a demostrar la calidad del béisbol cubano


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Tras conocerse oficialmente que el lanzador pinareño Liván Moinelo Pita será contratado por el equipo de béisbol japonés Halcones de Softbank, el zurdo aseveró que va a tratar de demostrar en suelo asiático la calidad del pasatiempo nacional.
El serpentinero de 21 años y cuatro Series Nacionales en su haber, explicó a la Agencia Cubana de Noticias (ACN) que se estima que su estancia en la llamada Tierra del Sol Naciente sea de cinco temporadas, en tanto comenzará en la segunda división del conjunto nipón perteneciente a la Liga del Pacífico.
Con una experiencia internacional que abarca las tres últimas ediciones de la Serie del Caribe, el IV Clásico Mundial y los Juegos Panamericanos de Toronto, entre otros certámenes, Moinelo destacó la importancia de nutrirse de la preparación que recibirá en el elenco integrante de la Liga Japonesa de Béisbol Profesional.
Se trata de un deporte de mucha disciplina en ese país, pero tendré que adaptarme a las cargas, al clima y al idioma para poder jugar bien, precisó quien en la 56 entrega del evento cubano de las bolas y los strikes culminó con balance de 13 victorias y nueve derrotas, cuatro salvamentos, 71 estrucados y 54 hits permitidos en 73. 1 innings lanzados.
Apuntó que el control constituye el elemento en el cual deberá enfatizar, aunque si aprende un envío nuevo le servirá para ampliar su repertorio y obtener un mayor rendimiento.
Sobre la posibilidad de reincorporarse a la Serie Nacional una vez concluida la temporada en el archipiélago de los samuráis, manifestó su deseo de serle útil a la franquicia de los Vegueros siempre que lo necesiten, e insistió en que estará al tanto de los resultados de los ahora comandados por el estelar Pedro Luis Lazo.
Moinelo Pita continúa sus entrenamientos para no perder la forma deportiva y dijo que fundamentalmente realiza sesiones de bullpen debido al rigor en el área del pitcheo en Japón.
De ese modo, el joven oriundo del poblado vueltabajero de Río Feo se incorporará al elenco en el cual milita el slugger granmense Alfredo Despaigne, y ampliará a cuatro la cantidad de peloteros antillanos insertados este año en el circuito profesional nipón (también figuran Leonardo Urgellés y Raidel Martínez- segunda división de los Dragones de Chunichi)

martes, 18 de abril de 2017

Celebran 20 años de la fundación de la Peña Deportiva del Parque John Lennon


Sergio Girat Estrada, La Habana, sábado 15 de abril del 2017

El pasado sábado 15 de abril la Peña independiente del Parque Lennon celebró el XX aniversario de su aparición por primera vez.

Y si bien cada vez que se inicia la campaña del beisbol de Grandes Ligas, el grupo encomia el suceso con una gran festividad, la que incluye una buena cena, este día fue muy especial ya que más de 50 personas se reunieron para recordar, especialmente el nacimiento de este aguerrido núcleo que surgió hace 20 años desde que los Marlins de la Florida ganaron la Serie Mundial del 1997. Fue especial celebrar y recordar el día de Jackie Robinson, primer pelotero negro que rompió la barrera racial del beisbol profesional norteamericano.

Recordemos que la pelota de Grandes Ligas estuvo prohibida en Cuba durante más de 50 años, y esta peña, a diferencia de la censurada prensa cubana, se ha dedicado por dos décadas a informarles a todo el que se acerca allí sobre lo que sucede en el mejor beisbol del mundo y en especial, el desempeño de los cubanos y otros latinos.

Cabe destacar que por su importancia y seriedad la peña MLB del Parque Lennon no ha estado fuera de los ojos de muchas figuras internacionales. Allí se acogió entre otras, las visitas de la afamada reportera de ESPN, Marly Rivera, los peloteros de Grandes Ligas Jonder Alanzo y Dany Valencia  y otras figuras asociadas al deporte profesional que incluyen en su ruta este rinconcito de apasionados al deporte libre.

Es importante decir que los objetivos de esta Peña MLB, no han cambiado ni cambiarán para nada. Y es que todavía en este justo momento persiste la censura de este fabuloso deporte para todos los cubanos en la isla.

Increíblemente, mientras la TV cubana exhibe un producto de primera calidad en vivo, de las Ligas europeas de Futbol, y una extremada propaganda mediática para C. Ronaldo, Leo Messi, y otros futbolistas, el Beisbol de la MLB queda relegado a un solo juego semanal, diferido y entre equipos bien escogidos donde muy pocas veces hay actuación de los cubanos que juegan ese beisbol.

De esta manera han conseguido imponerle el futbol como preferencia a los cubanos, algo que no logró el colonialismo español en la isla.

Finalmente, queremos felicitar a todos los miembros de la Peña independiente del Parque Lennon por su valor y esfuerzo, en aras de que el beisbol de Grandes Ligas sea del conocimiento de todos los cubanos.

deportivasmlb@gmail.com











miércoles, 1 de marzo de 2017

Dos grandes del pitcheo cubano se reúnen finalmente

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Por: Federico Beltrán 2-26-2017
Aroldis Chapman pudo finalmente cumplir "un viejo sueño": retratarse al lado de alguien quien es su ídolo, el derecho pinareño José Ariel Contreras.
"En Cuba era el mejor - dijo Chapman sobre José Ariel - yo crecí viéndolo. Fue realmente un gran pitcher allá, y luego vino aquí e hizo un gran trabajo también," dijo el holguinero
"Era un atleta demasiado bueno; disfrutaba verlo lanzar," continúo Chapman refiriéndose a un hombre que se dio el lujo, siendo amateur, de parar en seco a un equipo de Grandes Ligas como los Orioles, a quien en 8 entradas no le permitió carreras. Sucedió el 28 de marzo de 1999, en el estadio Latinoamericano de la Habana.
Contreras, nacido el 6 de diciembre de 1971, llegó a las Grandes Ligas en el año 2002, cuando ya su nombre era bien conocido por todos, y era considerado por muchos como el mejor pitcher del béisbol cubano en su momento.
Firmó con los New York Yankees, y jugó para ellos en 2003 y 2004, luego se fue hacia los Medias Blancas de Chicago, donde jugó hasta el año 2009.
Su presencia, y la de Orlando "El Duque" Hernández por estos días - el viernes - en los entrenamientos de los Yankees en su campamento primaveral de Tampa, dicen es "el as que tiene escondido bajo la manga Chapman." El holguinero sin embargo desmintió "la broma".
"Tenerlos a mi lado es algo muy especial; (...) llegar a sentarse con ellos y hablar sobre béisbol y la vida general fue increíble," dijo a través de un traductor.
"El Duque, para nosotros, es una leyenda, e ídolo de muchos; el mejor lanzador en el momento que llegó aquí, y no defraudó a nadie;" dijo sobre "El Duque" Chapman.
"Somos lanzadores diferentes, con diferentes estilos, diferentes velocidades y diferentes arsenales,' agregó el holguinero.
"Pero creo que los tres estamos orgullosos del trabajo que he hecho en los últimos seis, siete años. Creo que es algo que les guste, que yo siga trabajando cada día," dijo finalmente Chapman.

Yoan Moncada ha arrancado con buen pie en la pretemporada de White Sox

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Las comparaciones entre el dominicano Robinson Canó, de Seattle, y el cubano Yoan Moncada, de los White Sox, lucen fáciles de hacer.
Ambos cuentan con un físico similar, son grandes atletas y son intermedistas con poder al bate. Incluso Canó tuvo influencia directa en el nombre del pequeño hijo de Moncada y especialista en bat-flips, Robinson.
Por supuesto, Canó tiene 278 jonrones de por vida y ha ganado dos Guantes de Oro a lo largo de 12 temporadas en Grandes Ligas, mientras que Moncada, de apenas 21 años de edad, ha visto acción en solamente ocho juegos en la Gran Carpa. Por lo tanto, que sería bastante prematuro empezar a comparar sus logros.
"Claro, esas cosas te motivan", confesó Moncada. "Cuando te comparan con esa clase de jugadores, uno de los mejores, deseas sacar lo mejor de ti y demostrar lo que eres capaz de hacer.
"Sabes, es una comparación difícil. Sólo deseas que sea Yoan Moncada", manifestó el coach de la banca de los White Sox, Joe McEwing, quien también entrena a los infielders del equipo. "Lo que él sí puede controlar es ser él mismo y no tratar de saltar al terreno y hacer más de la cuenta. Se trata de un muchacho bien especial".
Moncada jugó en su primer partido por los White Sox el lunes en el Sloan Park, donde enfrentó a los campeones defensores Cachorros en un juego que terminó empatado 4-4. El cubano se hizo sentir inmediatamente, tras lanzarse hacia el centro del cuadro interior para robarle un imparable a Anthony Rizzo y después iniciar un espectacular doble-play para sacar de problemas al lanzador Lucas Giolito.
McEwing destacó los grandes instintos de Moncada, el segundo mejor prospecto de todo el béisbol, según MLBPipeline.com, un jugador capaz de hacer jugadas que dejan boquiabierto a cualquiera. Probablemente otros jugadores no serían capaces de realizar las mismas maniobras en el terreno.
"Es un muchacho bien talentoso", reconoció McEwing. "Su juego de piernas y de manos es tremendo. Se deshace de la bola bastante rápido. Mientras continúe puliendo su juego, se convertirá poco a poco en un gran pelotero".
José Abreu, compañero de Moncada con el equipo de Cienfuegos en la Serie Nacional de Cuba, estuvo junto a Moncada en el terreno de juego el lunes. Abreu también le ha servido de consejero en algunos turnos al bate y en su preparación previa a los juegos y de cara a la temporada regular.
"Me he sentido bien. El ambiente aquí es muy bueno", externó Moncada. "Los muchachos se han portado muy bien conmigo y los estoy conociendo poco a poco. Me siento feliz de estar aquí.
"Mi enfoque es mejorar en cada aspecto de mi juego: la ofensiva, la defensa y mi corrido de bases. Esa es la mentalidad que tenemos aquí ahora mismo y estoy tratando de aprovecharla al máximo".

CBS Sports propone un poderoso equipo Cuba de emigrantes

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Por: Joaquín Colina 2-28-2017
CBS Sports acaba de publicar un posible equipo Cuba con los mejores peloteros que han abandonado el país en los últimos años, en el que la ofensiva aparece claramente definida como el arma más intimidante.
A tenor con el columnista, la relación de 25 jugadores tendría a 13 figuras entre la receptoría, el cuadro y el outfield, repartidas como sigue:
Catcher: Yasmani Grandal, Dodgers; Primera base: José Abreu, Medias Blancas; Segunda base: Yunel Escobar, Ángeles; Campo corto: José Iglesias, Tigres; Tercera base: Yulieski Gurriel, Astros; Jardín izquierdo: Yoenis Céspedes, Mets; Jardín central: Leonys Martín, Marineros; Jardín derecho: Yasiel Puig , Dodgers; Bateador designado: Kendrys Morales, Azulejos. Banco: C Brayan Peña, Reales; IF Aledmys Díaz, Cardenales; OF Jorge Soler, Reales; UTIL Adonis García, Bravos.
Así, el line up sería éste:
2B Yunel Escobar
3B Yulieski Gurriel
LF Yoenis Céspedes
1B José Abreu
DH Kendrys Morales
C Yasmani Grandal
RF Yasiel Puig
CF Leonys Martín
SS José Iglesias
Nótese que entre los que quedan fuera del corte se incluyen elementos de nivel como el torpedero de los Marlins Adeiny Hechavarría; el jugador de cuadro de los Medias Blancas Yoan Moncada; el jardinero de los Diamondbacks Yasmany Tomás; el patrullero de los Medias Rojas Rusney Castillo; el también outfielder de los Marineros Guillermo Heredia; y el paracortos (y hoy agente libre) Alexei Ramírez.
En cuanto a los pitchers, la ausencia del fallecido José Fernández debilita de manera notable el staff de abridores, que podría contar con los zurdos Roenis Elías (Medias Rojas) y Ariel Miranda (Marineros) y los derechos Odrisamer Despaigne (Marlins) y Yadier Álvarez (Dodgers).
Siempre según CBS, el bullpen dispondría del gran Aroldis Chapman (Yankees) en plan de cerrador; Raisel Iglesias (Rojos) y Raudel Lazo (Marlins) como preparadores; Gerardo Concepción (Cachorros), Vladimir Gutiérrez (Rojos) y Dalier Hinojosa (Filis) se encargarían de los relevos intermedios; y Yaisel Sierra (Dodgers) de los largos.
Ese sería el equipo, de acuerdo con la propuesta del prestigioso medio.
¿Comparte usted ese criterio?

lunes, 27 de febrero de 2017

¿Despaigne o Pestano? ¿Quién tiene la razón?




Por: Joaquín Colina 2-23-2017
Por estos días se habla insistentemente del Clásico Mundial, y de la posibilidad de un equipo Cuba con los que están de uno y otro lado del charco. Alfredo Despaigne, la estrella en activo, se declara partidario de las conversaciones que se sostienen con la MLB. Ariel Pestano, la estrella en el retiro, dice ser adversario de esa idea porque limitaría las opciones de los jugadores que han permanecido en el país.
Llueven los criterios. Y es cierto: sería muy difícil derrotar a una escuadra como la que podríamos presentar a comienzos de marzo, en caso de que se pudiera echar mano de los peloteros en las Grandes Ligas. Pero tampoco es un error pensar que, de convocarse a los bigleaguers, prácticamente ninguno de los hombres que juegan la Serie Nacional haría el grado.
Imagínese. ¿Qué podría Frank Camilo Morejón ante la fuerza destructiva de Yasmani Grandal? ¿Qué aportaría el paracortos Alexander Ayala en competencia contra José Iglesias o Adeiny Echevarría, probados en los diamantes del mejor béisbol del mundo? ¿Existen posibilidades titulares para un inicialista que no sea José Dariel Abreu ? ¿Quién que no sea Yunel Escobar se encargaría de la tercera almohada?
Y en el outfield, más de lo mismo. Leonys Martín, Yoenis Céspedes, Yasmani Tomás, Yasiel Puig , Jorge Soler…, limitan con tendencia a cero las posibilidades del talento que aún permanece en Cuba. ¿Y Despaigne? ¿Podría Despaigne apropiarse de la plaza de toletero designado? En el momento justo de escribir estas líneas, no lo creo. El motivo es que existe un tal Kendry Morales.
La suplencia del cuadro y los jardines tampoco deja brechas para “los de acá”, de manera que habría que irse hasta el pitcheo en el afán de hallarles un espacio. Quizás Liván Moinelo, por talentoso y zurdo, quepa entre los relevistas. Acaso haya lugar para Lázaro Blanco, Raidel Martínez o Vladimir García. Y hasta ahí, porque tiene que haber pasaportes en los bolsillos de Raisel Iglesias, Odrisamer Despaigne, Roenis Elías, Dalier Hinojosa, Ariel Miranda, Armando Rivero, Gerardo Concepción, Hassán Pena y, por supuesto, Aroldis Chapman.
Definitivamente –punto para Despaigne-, hasta los trabucos de Estados Unidos y República Dominicana pasarían las de Caín a la hora de jugar contra este equipo Cuba, cuya vitola de favorito no la pondría en duda nadie en su sano juicio. Pero también es innegable –punto para Pestano- que la novena de las cuatro letras sería casi exclusivamente conformada por los jugadores que no sudan en los partidos diurnos, ni venden latas de refrescos para sobrevivir, ni remiendan los spikes, ni ganan 40 escasos CUC mensuales.
Dos posturas encontradas frente a un mismo dilema. ¿Ganar con las estrellas en el exterior o recompensar a los atletas que persisten en el torneo doméstico? De modo personal, yo me quedo con la posición de Alfredo Despaigne, aunque creo entender esencialmente la controversial opinión de Ariel Pestano.

Cinco beisbolistas cubanos buscan equipo para 2017




Por: Francys Romero 25 Febrero, 2017
La agencia libre (pelotero sin equipo) puede ser un problema para un beisbolista cuando asoma los 30 años. En esta circunstancia se encuentras varios jugadores antillanos que tiempo atrás fueron especiales y algunos tuvieron sus efímeros instantes de gloria. Algunos como Reinier Roibal (hace poco pactó con Dodgers contrato de liga menor) llegaron a buen puerto. Sin embargo, no es buen indicio no ser tomado en cuenta antes del Opening Day.
Raudel Lazo: A estas alturas aún no se conoce bien el estatus del efectivo zurdo. La fuente rostersource.com no lo reconoce dentro del roster de los Marlins. Es contradictorio, pues el portal minorleagueball.com lo referencia entre sus mejores prospectos para el 2017. Lazo ha sido subestimado por esta organización. Fue puesto en asignación el 1 de septiembre de 2016 pero nunca llegó la noticia de su liberación. Es probable que se encuentre en el roster del equipo sin invitación a los entrenamientos de primavera. De igual manera, ¿no resulta esto increíble? Demasiado. El zurdo es especialista de relevo ante bateadores de su mano. Ha dominado el nivel de Triple-A grotescamente con 2-0, 1.78 de ERA en 2016 con New Orleans Zephyrs. Que recuerde, la última vez que Lazo estuvo en Grandes Ligas (2015) lo hizo con abundante convicción y nunca recibió otra oportunidad.
Para mayor demostración, lanzó para 1-0, 1.21 de ERA con nueve Holds y 23 ponches en 22.1 innings en este invierno con los Tigres de Aragua en la Liga venezolana. Hubiera sido gran refuerzo para nóminas como la de los Phillies de Philadelphia en ausencia de un especialista zurdo consistente.
Héctor Olivera: Podría apostar que Olivera tendrá casi improbable poder firmar con otro equipo de MLB. La política de violencia doméstica ha tenido aceptación en los fanáticos y circulo de jugadores, y precisamente Olivera no es la figura en mejor ubicada en este contexto, y a pesar del talento. En 2016 solo jugó seis partidos con los Bravos de Atlanta, antes de llegar su suspensión. Luego fue canjeado a San Diego por Matt Kemp en extraña movida que lo puso en despido a los 10 días. Su invierno en Puerto Rico volvió a ser inconsistente con el bate y solo produjo para 250 AVE en 33 juegos con los Cangrejeros de Santurce. Él es versátil y aún conserva algo de velocidad en su swing y piernas, pero los últimos meses nos dicen que tendrá complicado lograr un contrato de liga menor. Tal vez, deba redirigir su carrera a Asia, donde muchos beisbolistas la han resucitado, y luego tomar más valor allá.
Alexei Ramírez: El 2016 de Ramírez fue su peor temporada desde que llegó a la liga en 2008. Con -2.4 de WAR (Victorias sobre el reemplazo) él posiblemente ya sea visto como un jugador de reemplazo a nivel de las Mayores. Tuvo -20 carreras salvadas a la defensa cuando 6 años atrás (2010) rozaba con el Guante de Oro de la Liga Americana al salvar 20 carreras. Pero el tiempo pasa y llega el declive y la curva descendente. Creo que Alexei tiene material de MLB, es un talento innato y ha mostrado quizá la mejor salud y persistencia de un beisbolista cubano en la última década en las Mayores. Algunos equipos lo necesitan, quizás Orioles, Atléticos y Rojos de Cincinnati.
Yunesky Maya y Yoslán Herrera: Ambos lanzadores y pinareños tendrán muy difícil llegar a las Mayores otra vez. Herrera lo hizo en 2014 con Anaheim y luego se fue a Japón aprovechando su valor renacido y tirando en grande con Yokohama DeNa Stars para (5-4, 2.96 de ERA) y dominante como preparador con 53 ponches en 51.2 innings. Una lesión en el brazo lo alejó de los terrenos en 2016 tras renovar contrato con Yokohama.
En cambio, Maya, firmó el año pasado un trato de liga menor con los Angelinos de Anaheim, y tras cinco aperturas (2-3, 5.92 de ERA) se lesionó el brazo de lanzar. Por tal motivo no asistió en el invierno con su amado equipo Tigres del Licey, mientras continúa recuperándose en los entrenamientos. Era probable que Maya hubiera regresado a las Mayores en 2016 cuando los Angelinos les dieron promoción a muchos de sus abridores de AAA. El derecho estuvo en las Mayores por última vez en 2013 con los Nacionales de Washington.

Cuba y el síndrome del miedo adquirido


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LA HABANA, Cuba.- En Cuba las paredes tienen oídos, los árboles ojos y en cualquier sitio donde coincidan dos personas o más, existen cámaras ocultas para grabar los atentados verbales contra la esclerótica revolución, según muestran las recelosas expresiones y la unanimidad formal de la ciudadanía, cuando se cuestiona en público al régimen o a la cúpula vitalicia en el poder.
El miedo a señalarse como apáticos, hipercríticos o desafectos al “socialismo” cubano o al liderazgo histórico del país, y a ser víctimas de una delación que los marque como contrarios a la revolución, hace crispar los nervios, disparar las alarmas sensoriales, escoger con tino las palabras a decir, trastocarlas, prostituir la opinión y ponerse a tono con un follón ideológico que todos niegan y aborrecen de pe a pa entre amistades confiables o en el entorno familiar.
No importa si lo dicho por el supuesto provocador es que el fondo habitacional está en ruinas, los alimentos son de mala calidad y a precios elevados, tal dirigente es corrupto, el otro tiene pinta de tracatán, aquel de mujeriego y ese de borrachín, para que a una frunzan el ceño, miren hacia los lados y hacia atrás con tímidos gestos evasivos y caras de ‘yo no estaba allí’.
Tampoco si quien escucha es un vendedor clandestino de carne de res, una prostituta de calabozo y granja de rehabilitación, un consumidor del ron espurio conocido como Salta pa´tras, un médico con tres hijos exiliados en Madrid, o una ingeniera repatriada del Ecuador, siempre que sus vivencias o delitos no sean tomados como actos contra la revolución. 

Síndrome del miedo adquirido

El problema es que al estereotipado policía que cada cubano tiene dentro, lo alimenta una legión de miedos inducidos, que se convierten en parálisis sociales programadas y cárceles de opinión, que tienden a entorpecer o ponen freno al verdadero criterio personal de andar por casa, en un ejercicio de temor compulsivo que anula o transforma la imagen de la realidad.
Según una pastoral hecha circular hace un tiempo por sacerdotes orientales bajo el título El síndrome del miedo adquirido, la parálisis social del cubano nace de seguir al dedillo expresiones conformistas como ‘una sola golondrina no compone verano’, ‘es mejor malo conocido que bueno por conocer’ y ‘si la vida sólo te da limones, hazte una buena limonada’, entre otras que frustran los deseos de transformaciones en el país y en la vida personal.
Además, si a estos y otros conceptos manejados en la pastoral le añadimos el temor inducido por la maquinaria psicológica gubernamental a través de los medios de comunicación, no hay dudas de que los cubanos tendrán que hacer de tripas corazón para sacudirse el miedo a los demás, al ejercicio de sus derechos a tener una propia opinión y a expresarla sin ningún temor.
Es verdad que programas televisivos como Día y Noche, Tras La Huella y UNO, todos de corte policial y basados en hechos reales de acuerdo con las advertencias de cada presentación, inducen a la precaución o al temor cuando te ponen en la pantalla que tras la máscara del más zarrapastroso cubano de a pie, la más servicial y gentil ciudadana, o el más encopetado y respetable señor, se encuentras las traidoras y obscuras esencias de un simple delator.
Esta fórmula de sembrar desconfianza en el vecino, el rellenador de fosforera de la esquina, el fumigador,  el falso ciego que vende gafas de sol, la profesora de secundaria, el gerente, la pregonera, el santero y el doctor, surte un efecto de miedo que sedimenta el temor en  una población que para obtener cualquier nivel de realización,  depende del Estado “protector”. 

No, pero sí

De ahí que un “no (creo en la revolución), pero sí (tengo que fingirme seguidor)”, sea el pan de cada día del cubano, en su afán de sobrevivir sin sobresaltos a la represión, y al interés de labrarles un incierto porvenir a sus hijos en Cuba, que siempre pasará por la incondicionalidad al régimen, a través de la participación de cuanto haga o demande la política de la nación.
Un reciente llamado para que jóvenes de ambos sexos que arriben a los 14 años de edad se incorporen a los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), y las muchachas, además, a la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), puso en evidencia que aún subsiste el temor de negarse a ser parte de organizaciones de masas criticadas y consideradas obsoletas por la población.
Ana Solís, una vecina que cumplió condena por un desvío de recursos en una cadena del pan en la capital, ante la pregunta de por qué, si no cree ni está integrada al CDR ni a la FMC, acepta que sus hijos se incorporen a dichas organizaciones de masas, respondió: “Si no lo hacen, se marcan, y aquí hace falta un aval para cualquier cosa y es ahí donde lo dan”.
Respuestas similares a estas son el denominador común en la sociedad, pues si bien reniegan y acusan a esta y otras organizaciones y organismos de ineptas, corruptas, ineficientes, manipuladoras y oportunistas, además de integradas por todos los estratos y elementos de la población, hay que acudir a ellas para resolver desde un permiso para construir un excusado colocar una puerta, obtener ciertos empleos, o viajar a cumplir misión al exterior.
De ahí que mendigos, militantes, académicos, prostitutas, intelectuales, delincuentes, profesionales, vagos, ateos, creyentes, agnósticos y trabajadores, se unan en su mayoría en un falso gesto de unanimidad a los llamados de las organizaciones de masas a integrarse, votar, gritar consignas, marchar, formar parte de un batallon de milicias o de un equipo de dominó.
Hay que cumplir, dar el paso al frente para no señalarse con el poder, dejar atrás derechos, honestidad  y convicción, en un escenario de máscaras tras el telón de boca de una nación, donde se mueven extras, figurantes, apuntadores, dobles y pocos actores en su auténtico rol, para que en cada papel de la obra farsesca de la revolución, gane quien luzca el mejor disfraz.

Por los senderos del Clásico Mundial de Béisbol (II)




Ciudades de Japón, Puerto Rico y Estados Unidos acogieron las sedes de las rondas del Primer Clásico Mundial de Béisbol (CMB), celebrado del tres al 20 de marzo de 2006, al cual Cuba llegó como fuerte aspirante al podio, gracias a un palmarés de lujo en la disciplina, que incluía los títulos mundial y olímpico.
Con Higinio Vélez como mentor de la selección, la Mayor de las Antillas arribó sin grandes contratiempos a la discusión del gallardete del más importante torneo del deporte y el único de su tipo que permitía la participación de jugadores locales y de las Grandes Ligas.

En su camino hacia la final, dejaron atrás a potencias como Venezuela, Puerto Rico y República Dominicana; pero en el cruce decisivo cayeron frente a Japón en los predios del estadio Petco Park, de la estadounidense urbe de San Diego.
El elenco nipón doblegó a los cubanos 10 carreras por seis, con un solo pelotero perteneciente a las Grandes Ligas en su line- up de la jornada, el jardinero Ichiro Suzuki, de los Marineros de Seattle.
Varios serpentineros subieron al montículo por los caribeños para tratar de frenar la ofensiva contraria, luego de que al abridor santiaguero Ormani Romero le llenaran las bases en la primera entrada.
Cuatro capítulos completos lanzó Daisuke Matsuzaka por los japoneses, periodo en el que toleró cuatro hits, permitió una carrera por jonrón solitario de Eduardo Paret, ponchó a cinco hombres y no propinó boletos.
De ese modo, no solo se agenció el triunfo del choque, sino que logró su invicto en el certamen con tres éxitos, un promedio de efectividad de 0. 69 y resultó el Jugador Más Valioso del CMB.
Los discípulos del avezado Sadaharu Oh condujeron a los asiáticos a su primera corona internacional desde la Copa Intercontinental de Barcelona, España, en el año 1997.
Japón también había brillado en el Mundial de 1975, con sede en Italia, y obtenido la presea dorada en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles (1984).
Quizás el avance del elenco de Corea del Sur a la fase de semifinales con seis victorias sin derrotas en su recorrido, resultó uno de los mayores asombros en la lid; aunque no resistió ante la escuadra nipona, dos veces víctima de las “arremetidas” de los sudcoreanos en las rondas precedentes.
Algunos cubanos lideraron los apartados correspondientes a ofensiva y picheo en el evento, como Yoandy Garlobo, entre los de mejor promedio de bateo (480), conexión de hits con 12 y porcentaje de embasado (536).
Frederich Cepeda lució bien en cantidad de dobles (3), ocho carreras impulsadas, 19 anotadas y seis boletos recibidos; mientras que Paret destacó por sus tres bases robadas.
En cuanto al picheo, Ormani Romero se situó entre los de más victorias (2); toda vez que Yadel Martí sobresalió por su cifra de juegos salvados (2), 11 ponches propinados y el mejor promedio de carreras limpias del certamen, de 0. 00 en 12. 2 entradas lanzadas.
Mientras, el bateador designado Garlobo, el camarero Yulieski Gourriel y el lanzador Martí fueron elegidos para el equipo Todos Estrellas de la lid.
El Primer Clásico Mundial de Béisbol contó en su podio con Japón, Cuba y Corea del Sur, en ese orden, y devino desafío para el resto de las naciones, ansiosas de abrazar una medalla en la cita pactada para 2009.



César Valdés: “El arbitraje en Cuba da pena”



 En agosto de 2013, el mundo beisbolero cubano se sacudió con la noticia de que el árbitro internacional –el mejor que quedaba en la Isla–Luis César Valdés había anunciado su retiro prematuramente.
Estoy bien desmotivado desde el final de la 52 Serie Nacional, por cómo se manejó el criterio del arbitraje. No ha habido nadie que dijera: esos son los árbitros que tenemos, esa es la preparación que le damos. Abrieron fuego contra los árbitros y no nos permitieron la defensa”, me dijo entonces el nacido en el pequeño pueblo azucarero de San Juan de los Yeras.
César había acusado entre líneas a la Comisión Nacional de Béisbol de asumir una y otra vez la posición de Poncio Pilatos. Sin el apoyo visible de la entidad responsable de hacerlo, César colgaba el traje de impartir justicia y se vestía de “comentador” en una emisora de su provincia.
Un año después, luego de que Villa Clara pasara en el Nacional de un título a un puesto 12, se planteaba el ambicioso proyecto de dirigir una comisión que reagrupara a la pelota en dicha provincia. César quiso ser una especie de “superman” que corregiría los viejos males de la ciudad. Pero se quedó atascado en su propio sueño y cuando, al primer intento, solo tuvo fallos, César, el ex árbitro y cara pública de la pelota en Villa Clara, pasó al anonimato. Fue silenciado.
Pero por estos días, tomó un micrófono y calificó de “falsas” todas las reuniones y recorridos donde se garantizaban implementos para tal o más cual equipo de pelota.
Si hubiese de verdad guantes, bates y pelotas, la gente no jugara fútbol”, arrancaba. Valdés también haría un aparte para analizar su vilipendiada profesión, que en Cuba lo menos que ha perdido ha sido la zona de strike.
Me cuesta trabajo mirar en la comodidad de mi casa las cosas que pasan en el arbitraje cubano. Es doloroso, es penoso. El arbitraje en Cuba da pena y es porque los responsables no se han llamado a capítulo y no han puesto las cosas donde van.
Es verdad que se han retirado y nos hemos ido unos cuantos, pero eso no es justificación para que se ande así, sin cabeza, sin respeto propio, sin profesionalidad. Realmente nadie cree en ellos y todo eso viene desde la Comisión Nacional.
Antes de irme, pedí que el arbitraje se separara de la Comisión, que tuviese independencia, para que funcionara, y nada se hizo. Dije que el béisbol cubano anda sin cabeza, porque quien lo dirige tampoco tiene cabeza para hacerlo”.
Y por ahí anda el arbitraje. Las Series del Caribe son un muestrario de ello.
Los árbitros cubanos que han ido a ese evento, ni respeto tienen para sí mismos. Los convocan para cumplir con el país, con el protocolo; horrible, los ponen en las rayas. Hay que decirle a Juan Francisco Puello, dirigente de la Confederación de Béisbol del Caribe, y a los que están al frente del arbitraje en el mundo, que si el árbitro cubano no tiene posibilidad de trabajar en una base o en el home en una Serie del Caribe, que no los inviten. Eso es vergonzoso, “árbitros de raya”, a eso llegamos. Tenemos que respetarnos nosotros mismos.
¿Qué pasó con la escuela del arbitraje cubano?
Pregúntaselo a los dirigentes. No lo sé. La quitaron y esa escuela no era un invento. En el mundo entero existen, en Grandes Ligas están los colegios para los árbitros. Ahora tenemos el Clásico Mundial y todos esos árbitros salieron de una academia. La escuela cubana –radicada en Villa Clara– con sus faltas y carencias, al menos garantizaba una especialización o superación.
Estábamos cuatro o cinco meses juntos, había una dirección, un seguimiento. Había que respetar ciertas reglas, para poner un árbitro por delante de otro en un juego. Pero todo lo acabaron y claro, cuando dan una entrevista, le dan la vuelta y no acaban de decir que lo que hicieron y hacen con el arbitraje no sirve.
Ya vimos cómo fue el final de la 56 Serie, todo el mundo trabajó en home, aquí es todo para todos. Eso no se había visto nunca. Yo soy de los que cree que el desarrollo no va ahí, en este país es para que sean dos o tres los que roten por ahí, como fue siempre. Yo crecí viendo a Alfredo Paz y a Iván Davis, después era Nelson, en un momento. Hoy quieren hacerlo masivo, y cada vez que ponderen la masividad, se perderá la profesionalidad.

martes, 21 de febrero de 2017

En un equipo CUBA unificado estos serían mis favoritos en la alineación "REGULAR"

Orestes Kindelán: “Yo quisiera que hubiera veinte Despaignes en Japón”

Cuando yo era un industrialista fervoroso, admiré tanto a Orestes Kindelán que mis amigos llegaron a acusarme de sentir simpatías por Santiago. A menos que los diera para decidir un juego contra los azules, sus jonrones llegaron a ser -como los de Luis Giraldo Casanova- un motivo de inefable regocijo en mis noches beisboleras.
Muy cerca estuvo de pegar 500 (marca casi irrompible habida cuenta de que nuestros sluggers ya conocen las rutas hacia el Norte). Le salían tan naturales que parecían jonrones fisiológicos. Lo mismo los sacaba por el medio o por las bandas. No importaba si enfrente había un curveador o un supersónico. Kindelán era “el Kinde” como quiera: en el Cuba, protegiendo a Linares; en Santiago, detrás de Pacheco.
Fue torpe con el guante. No tenía posición ideal en el campo, mas por eso tenía la que se le antojara. Fuera del designado, jugó de receptor, de inicialista, de jardinero izquierdo… Tanto bateaba el oriental, que si se hubiera encaprichado en irse al campo corto, seguramente el manager lo habría complacido.
Me lo encontré hace poco. Le recordé que alguna vez me le ofrecí para escribir el libro de su vida, y él insistió: “Ya me lo están haciendo”. Nunca ha sido partidario de la prensa. Inclusive recuerdo a algún colega desbarrando de él porque le había negado una entrevista. “Hay mucha gente que habla sin saber –me dice. Y yo voy a morirme siendo como soy”.
Le pido que me hable un poco de este equipo Cuba al Clásico. De su trabajo como entrenador de bateo. De la pelota de hoy. Me mira. Se sonríe. Espero lo peor (esto es, un “No” rotundo), pero no ocurre lo peor. Por el contrario, Kindelán hace un gesto afirmativo y queda esperando las preguntas en un cajón imaginario.
¿Con qué deficiencias has tenido que trabajar más?
-Hablar de eso tomaría su tiempo, porque cada bateador tiene defectos diferentes. Pasa que la juventud a veces no quiere entender ciertas cosas que se le tratan de enseñar, y el trabajo se complejiza. Es que se olvida que para aprender hay que escuchar y tener ganas de mejorar. Yo, por ejemplo, me la paso observando la cámara lenta, estudiando el uso que hacen los buenos peloteros de los hombros, las muñecas, los antebrazos, la vista (que para mí es la parte fundamental); analizando cómo terminan los swings o cómo hacen los ajustes según el sistema de pitcheos y lo que tiran los lanzadores.
¿Podrían llegar en forma óptima Yosvani Alarcón y Frederich Cepeda?
-Aquí cabría bromear diciéndote que si te digo que sí, te miento; y si te digo que no, te engaño. Pero yo pienso que ellos podrían llegar al evento aproximadamente al setenta por ciento de sus posibilidades. Los dos se ven agresivos con el bate y lo que les falta es coger los tiempos del pitcheo. En mi criterio son dos piezas claves en las aspiraciones cubanas, porque los juegos de pelota se ganan haciendo carreras.
Y en el caso de Yoelkys Céspedes, ¿has hecho énfasis en sus dificultades con los rompimientos?
-Con los muchachos nuevos hay que ir al paso. Primero lo que hay que hallar la manera de que él le pegue bien a la pelota. Después que aprenda eso, entonces buscaremos el modo de hacer que adapte su mecánica hasta el punto de poder levantar una curva, golpear una recta a la banda contraria, sacar los brazos con un envío pegado o descifrar lo más importante que existe para un bateador, que es la zona de strike. Yo mismo era malísimo con los rompimientos, pero hice el esfuerzo, pregunté a los que les debía preguntar, y eso dejó de ser problema.
¿Por qué apenas se ven sluggers en la Cuba actual?
-Si lo comparo con mi tiempo, ahora prácticamente no hay. Primero, porque muchos se han ido del país. Y segundo, porque supongo que están saliendo los efectos del Período Especial.
¿Demorará Santiago en regresar a la elite?
-No lo creo. A simple vista parece lejano, pero hay muchos jóvenes con condiciones. Uno mira el talento de que dispone y el que tienen otras provincias, y se da cuenta de que cuenta con peloteros que pueden hacer las cosas.
¿Qué es más difícil, batear o enseñar a hacerlo?
-Lo segundo, porque uno aprende solo, pero tiene que enseñar a mucha gente. Es complicado ver a diez hombres y tener un criterio acertado y diferente para cada uno de ellos, y lo peor, que todos acepten los consejos que les das, porque cada cual tiene un carácter propio. El atleta se preocupa por él; el entrenador, por el equipo entero.
¿Sientes dolor o resignación cuando piensas en que tenías talento para jugar en ligas extranjeras y asegurar tu futuro económico?
-Dolor en el sentido de que tuvimos las mismas posibilidades deportivas que los de ahora y siempre nos dijeron que no. Pero resignación, no. Yo quisiera que hubiera veinte Despaignes en Japón ahora mismo, y que lo hicieran bien.
¿Tendremos alguna vez en el Cuba un trío similar a Pacheco-Linares-Kindelán?
-Yo no jugué Grandes Ligas y por respeto no debo hacer ningún tipo de comparaciones. Así que cuando hablo de aquel trío que formamos Pacheco, Linares y yo, no estoy menospreciando para nada a los grandísimos peloteros que tenemos ahora en la MLB, como Céspedes y Abreu. Solo miro a la calidad individual que nos dio la vida y noto que no hay razón para sentirnos ni más pequeños ni más grandes. Vivimos nuestra pelota de otra manera, y eso es todo.
¿Cuál fue el lanzador más difícil al que te enfrentaste?
-El que nunca me pitcheó.