miércoles, 9 de julio de 2014

MAJÁ: PAGINAS NEGRAS DEL BÉISBOL REVOLUCIONARIO

Con la llegada al poder del castrismo, se pondría fin al beisbol rentado para los cubanos. Aquel último juego celebrado entre Cienfuegos y Almendares el 7 de febrero 1961, marcaria un antes y un después para el más amado de los deporte en la isla.

Desde entonces la propaganda del régimen comunista no ha cesado de presentar el llamado  béisbol revolucionario, como ejemplo de nobleza, gloria, heroísmo y patriotismo. Sin admitir ni un mínimo de responsabilidad por la decadencia de la pelota en la isla.

Uno de aquellos peloteros al servicio de aquel sueño revolucionario, el ex lanzador de beisbol de las primeras series nacionales, José Elías González Agüero, nacido en 1954 en Bayamo, devela en su libro titulado Maja, las tantas veces que muchos beisbolista, a riesgo de perderlo todo o ir a la cárcel, vendieron o arreglaban los juegos con banqueros y apostadores para poder subsistir y mantener a su familia.

José Elías, como tantos otros escritores- mantuvo engavetada la impresionante historia, a sabiendas que jamás las autoridades aceptaran sus argumentos. Fue entonces que decidió ponerse en contacto con los miembros del Club de Escritores Independiente de Cuba, a fin de viabilizar gestiones con alguna editorial para su posible publicación.

Según el periodista y escritor Víctor Manuel Domínguez, presidente del Club, el libro cuenta con abundantes testimonio y anécdotas, también de la historia. Y nos ofrece suficientes argumentos que revelan la corrupción generada en el beisbol revolucionario de los primeros años, de la que ni Elías mismo pudo escapar.

En el preámbulo de este libro queda definido el momento exacto en que el ex lanzador se decidió escribir las vivencias ocultas de aquella pelota que solo daba gloria al castrismo. Y pide mil disculpas a hermanos y amigos por haber sufrido el sabor de la vergüenza sin ser los culpables.
También consigna por adelantado las molestias de muchos, admitiendo que a algunos no les gustará verse plasmados en las páginas de Maja, “pero todo tiene que ser recogido por la historia. Las cosas buenas, los sucesos malos, y también los culpables”, sentenció.

José Elías se centra en la etapa (1978-1982) marcada por sus propias vivencias dentro de aquella pelota. Pero de ninguna manera omite la remembranza de los más resonados escándalos por  juegos  vendido dentro de la propia pelota revolucionaria.

En 1963,  el lanzador zurdo Rolando Pastor, y los jugadores Guapería Quintana y Güiro Ortega, protagonizaron la primera venta de juego, luego vendría, los Industriales de la capital en 1971 con Leonardo Fariñas y Héctor Despeine, y siete años después 75 atletas de alto rendimiento de los equipos Nacionales. Todos estos hechos fueron conocidos por las autoridades Cubanas.

El autor de Maja, da por sentado la hipocresía de ese mito triunfalista del castrismo, quien solo reconoce y exacerba los logros y triunfos de la pelota revolucionaria, escondiendo verdades de las cuales son responsables directos, y que ahora son reveladas por él.
Insiste en que de ninguna manera este libro viene a ser un tribunal para banqueros, apostadores y peloteros. Más bien se presenta como querellante de un sistema que cercenó el talento de muchísimos peloteros, a quienes obligaron al infortunio y la pobreza, dando paso a la corrupción como único medio de supervivencia.

A ese grupo pertenecen los estelarísimos: Rey Vicente Anglada, Manuel el Brujo Rivero, Dagoberto Echemendia, Eunudis Paulot, Eddy Herrera Bárbaro Garbey, Roberto Salazar, Julián Villar, Wilfrido Ruiz, Florentino Gonzales, el propio autor del libro Maja y otros muchos más. Todos, a pesar de sus errores y debilidades, se mantienen en la mente de un gran número de aficionados que los honra como glorias imborrables del béisbol cubano.

Finalmente el otrora lanzador de los equipos capitalinos, y autor del libro Maja termina  diciendo: “Cuando nos cae una pajita en los ojos, por muy pequeña que sea, nos sacan  las lágrimas,  ¡estas son nuestras lágrimas!”.

Este artículo es cortesía de mi colega León Padrón Ascuy, Periodista Independiente.

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