lunes, 24 de noviembre de 2014

Cuando 'escacharon' a Pedro José Rodríguez



Habría que situarse en el momento, para entender la magnitud del problema. Pedro José Rodríguez, Cheito - El Cheo - era un ídolo no sólo de Cienfuegos, su provincia natal, sino de toda Cuba. Era el tercera base regular del equipo nacional; un jonronero por excelencia, un 4to bate nato. Cuando se agachaba en el cajón de bateo a los pitchers se les ponían los huevos chiquiticos. Eso de "lanzar bajito" no iba con el Cheo, porque golfeaba la bola y la ponía encima del techo. Pedro José Rodriguez era más jonronero que José Abreu, la estrella cubana de los Chicago White Sox en las Grandes Ligas Americanas de Béisbol.

Pero el Cheo un día se ponchó con ochenta dólares. Ochenta dólares de basura, que eran basura, y seguirán siendo basura, si los comparamos con los millones que él mismo había rechazado poco antes por "pasarse" a las filas del profesionalismo. Alguien dice que fue más... que importa si fueron más o fueron menos. Que importa si fueron ochenta u ochocientos.

En una época tan plena de fervor revolucionario en Cuba, donde cada medida del gobierno, o cada ley que dictara el gobierno era vista por la población como una justa respuesta a las acciones provocadoras del enemigo, la tenencia ilegal de divisas era eso... ilegal y quien incurriera en eso era, al parecer, un vulgar delincuente... y contrarrevolucionario.

Bueno... ¿y los millones que él rechazó? Y... ¿por qué el Cheo no se quedó y regresó siempre?

El pueblo cienfueguero se vistió de luto. La gente, incluso la más revolucionaria, defendía la tesis que la sanción había sido fuerte, demasiado fuerte e injusta, pero nadie dijo nada. Si alguna vez sentí "división en las filas" fue en aquel momento. Recuerdo el padre de un amigo mío, que era "comecandela", y estaba en contra de la sanción. En la calle no se hablaba de otra cosa. Hay que hablar de lágrimas incluso en algunos que ni siquiera eran fanáticos. Hasta aquel día, su nombre era constante en los medios provinciales. A partir de aquel día, un mutis. No se hablaba de él. Nunca por la radio se escuchó un "que falta nos haría ahora un Cheíto" Nadie quiso meter las manos en la candela. Nadie lo defendió. Ni del Gobierno ni del INDER. Allá arriba oídos sordos. Defenderlo equivalía a defender un delincuente, a un traficante de divisas y defender un delincuente era solo permitido, a veces, en un juicio y por el abogado defensor. Nadie quiso sacrificar su puesto o su nombre. Nadie quiso perder un lujo. Nadie quiso embarrarse. Nadie siquiera luchó por una rebajita a la condena y luego, cuando liberaron al otro implicado, la gente se cuestionó como era posible que uno sí y otro no. Entonces fue que se formó el runrún, y el Cheo volvió, pero ya el Cheo estaba fuera de zona.

El Cheo volvió... ¡el Cheo no se fue nunca! me dijo un día su padre sentado en el sofá en la sala de mi casa. Donde quiera que llega todo el mundo lo conoce, lo saluda, lo quieren, lo respetan. Todos esos que le dieron la espalda... ¿dónde están? De incógnitos por las calles. Nadie los conoce, nadie los pone delante en una cola.

En aquel entonces recordé al Kid Chocolate y la miseria-riqueza en que murió. Hay cosas que valen más que cuatro pesos. O que medio peso, como reza una canción humorística.

deportivasmlb@gmail.com 

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