jueves, 26 de enero de 2017

¿Termina la emigración de peloteros cubanos?


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Luego de la derogación de la política de “pies secos, pies mojados” por el presidente Obama, no pocos se preguntan por su impacto para el béisbol cubano. Hablamos de un deporte que es pasión e identidad para los nacidos en la Isla pero que ha visto emigrar a más de 200 jugadores en los dos últimos años.
¿Cuál puede ser entonces la influencia de esta medida? ¿Frenará el éxodo de peloteros o, por el contrario, mantendrá el crecimiento sostenido de su diáspora?
La emigración de beisbolistas de Cuba no es un fenómeno reciente. El triunfo de la Revolución Cubana en 1959 supuso la ruptura en poco tiempo con el deporte profesional. La visión imperante desde entonces sobre las prácticas deportivas terminó por dividir al béisbol cubano en dos: el emigrado y el no emigrado.
Otro aspecto importante es que a partir del bloqueo/embargo impuesto a Cuba en 1961, los jugadores residentes en la Isla no pueden ser contratados legalmente en los Estados Unidos. El Departamento del Tesoro nunca hizo una excepción específica para el caso del deporte. Ello contribuyó a mantener los efectos de una situación que aún perdura.
La migración de peloteros no fue significativa durante varias décadas, pero tras la crisis económica de los años 90 ha crecido exponencialmente. Ejemplos como los de René Arocha, Rey Ordoñez y los hermanos Orlando y Liván Hernández fueron seguidos por muchos otros, aunque no todos lograran cumplir el anhelo de llegar a las Mayores.
Ahora bien, la emigración del béisbol cubano ha cambiado sus preceptos en el último lustro. El concepto “deserción”, de indiscutible cariz político y aplicado a quienes abandonaban las selecciones nacionales en el exterior, ha sido sustituido paulatinamente por términos como “abandono” o “baja”. Muchos de los que se han marchado en los últimos tiempos lo han hecho por un camino legítimo.
A la partida dolorosa de los hermanos Gourriel en febrero de 2016, le seguiría, entre otras, la del mejor prospecto del béisbol cubano ahora mismo (Luis Robert Moirán) y la de jugadores casi hechos como José Adolis García o Héctor Mendoza, ambos contratados previamente en Japón. Y ello podría continuar.
El agente y periodista venezolano Félix Luzón piensa que la eliminación de la política “pies secos, pies mojados” no cambiará mucho el panorama.
“A los efectos del béisbol, no le veo mucha influencia. Los cubanos pueden seguir obteniendo residencia a través de terceros países como Haití, México, República Dominicana o Venezuela, pues el nuevo acuerdo entre la Asociación de Jugadores y los dueños de los equipos de Grandes Ligas contempla que los cubanos considerados amateurs internacionales pueden firmar mientras tengan residencia en otro país”, comentó en exclusiva a OnCuba.
Las reglas siguen acompañando a los beisbolistas antillanos y el lente de la emigración se ha sobregirado. Antes se marchaban jugadores de cinco a ocho años de experiencia en Cuba, con una edad relativa entre 25 y 28 años. En 2016 vimos a más de una veintena de juveniles y juniors ir en busca del camino de las Mayores. Así lo prueba la salida de jugadores con estirpe de prodigio, integrantes del último equipo Cuba campeón mundial en la categoría Sub-15.
La emigración de peloteros cambió en cuanto a edad, aspiraciones y rumbos, y el nuevo acuerdo con los Estados Unidos no influirá en el desangramiento de jugadores. Esta quimera solo será posible si la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) desata el nudo. En diciembre de 2015, tras la visita de una delegación a la Isla, la MLB y su Comisionado Rob Manfred pidieron a la OFAC un permiso especial para contratar peloteros en Cuba. Esto no ha sucedido.
Mientras, la Federación Cubana de Béisbol ha visto las luces de su teatro apagarse. La Serie Nacional no es ya una vitrina tan lustrosa.
“Yo lo veo como el inicio de un proceso que pueda conducir a un acuerdo entre ambas partes. Ello también fuerza a que la liga cubana se convierta en profesional para que se puedan hacer tratos directos”, le dijo también a OnCuba Román Rubio, agente de béisbol en My3GSports.
El carácter no profesional del campeonato cubano, al menos desde la perspectiva de la MLB, fue uno de los argumentos dados por Juan Francisco Puello Herrera, presidente de la Confederación de Béisbol Profesional del Caribe, al anunciar que Cuba no volvería a ser invitada a la Serie del Caribe.
En 2016 fuimos testigos de declaraciones de los dirigentes del béisbol de la Isla sobre contratos en el exterior. Países como Australia, Colombia, México, Japón o Taipei de China figuraban como posibles escenarios. Sin embargo, según parece, en 2017 solo mantendremos a Canadá, única dama fiel en las negociaciones con la máxima instancia beisbolera de Cuba.
¿Acaso se terminaron las demás alternativas? ¿O resulta más fácil y reconfortante para muchos lograr acuerdos al margen la institucionalidad deportiva de la Isla?
La política de “pies secos, pies mojados” quizá facilitó la salida a algún que otro pelotero en el pasado. Pero en el presente el beisbolista cubano viaja legalmente, negocia desde su misma casa, conversa, ata conexiones y luego emigra.

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