lunes, 11 de abril de 2016

La invitación que nunca llegó

Por Yasel Porto 8 de abril de 2016
Ha pasado un tiempo del famoso juego del Tampa Bay en La Habana. Decidí esperar unos cuantos días, primero porque mis palabras tal vez se perderían entre tantas noticias relacionadas al tema, y en segundo lugar por esperar alguna respuesta lógica a una situación que se puso de manifiesto en el histórico partido celebrado en el estadio Latinoamericano.
Entre los más de 40 mil espectadores que asistieron la tarde del 22 de marzo al encuentro, había muchos seguidores del béisbol, como otros tantos que sabían muy poco o nada de este deporte, más aquellos que por su trabajo tenían que estar. Además de las personas acreditadas, el resto de los que estuvieron en ese partido fueron por invitación. Pero ese proceso fue injusto y totalmente enigmático.
Injusto porque hubo muchos fanáticos fieles y respetuosos, que nunca tuvieron la posibilidad de tener acceso a una entrada, en detrimento de un buen grupo que incluso vinieron a debutar como aficionados ese día, o que sabían muy poco de nuestro béisbol. Eso se puso de manifiesto en entrevistas y por el hecho de la partida de cientos de ellos poco después de iniciado el juego. Lo de enigmático porque en la práctica nunca se supo quien tenía que ver con las dichosas invitaciones, al menos no las que se relacionan que con lo que expondré de inmediato.
Hubo ausencias significativas. Además de varios fanáticos que respiran béisbol todo el tiempo, en las malas y en las buenas, muchos conocen de la famosa no invitación a la experimentada colega Julita Osendi por su reclamo que tan popular se hizo en las redes sociales. Otro reconocido y jubilado del periodismo beisbolero, Iván López, tampoco fue tenido en cuenta, como varios colegas más que tuvieron que conformarse con la televisión o la radio.
Pero vamos al tema en esencia. Entre los ausentes al juego, también estaba parte del Comité de Selección del Salón de la Fama del Béisbol Cubano, que a su vez, somos personas que una forma u otra nos hemos dedicado al pasado y presente de la pelota cubana e internacional.
Los que fueron al juego y tienen que ver con el proyecto del Salón de la Fama, eran los periodistas que estaban acreditados. Los no periodistas, o aquellos que no íbamos a trabajar en el desafío, nos quedamos esperando por la notificación de esos mismos que nos pidieron los datos porque seríamos invitados por nuestra condición dentro del Salón de la Fama, algo que debiera tener mayor relevancia de la que se le ha dado últimamente. Pero ese es un tema para otro comentario.
Víctor Joaquín Ortega, con más de cuatro décadas en la profesión; Rolando Sánchez, el más importante coleccionista de memorabilia en Cuba; el Dr. Oscar Fernàndez, quien ha dedicado estos últimos años ha realizar valiosìsimas investigaciones; Alfredo Santana, que por años luchó denodadamente por el rescate del Salón de la Fama en Matanzas.
Y también estábamos aquellos que la televisión nos ayuda a ser un poco más conocidos, que no significa más importantes. Hablo del Dr. Fèlix Julio Alfonso, autor de decenas de libros sobre la historia de la pelota, profundo investigador y prestigioso profesor universitario, una autoridad en temas históricos, como lo es el veterano amigo Ismael Sené, único cubano miembro de la SABR (Sociedad Americana de Investigadores del Béisbol), respetado y querido por cubanos y norteamericanos por sus conocimientos y vivencias desde el mismo juego inicial del estadio que sirvió de sede al partido de marras, más lo mucho que le ha aportado a la gente por diversas vías, entre ellas su incursión en el programa de la TV Cubana Béisbol de Siempre, que tengo la dicha de compartir con él desde hace tres años.
También estaba en el grupo el reconocido artista plástico Reinerio Tamayo, quien contribuyó con las placas de la hasta ahora única exaltación del Salón de la Fama tras su refundación y que le ha dedicado decenas de obras a este deporte.
Soy el más joven del grupo, pero he aprovechado mis 33 años para desarrollar muchos proyectos (programas Béisbol de Siempre, Bola Viva y Tribuna Deportiva, revista Jonronazo, Enciclopedia del Béisbol Cubano, espectáculos con veteranos en Cuba y Estados Unidos, Coco-Olimpiada, etc.) que tratan de apoyar al béisbol, deporte al que le he dedicado mucho para especializarme y tratar de llevarle al público lo importante de la historia y la realidad de la pelota cubana. También más allá de la isla, pues soy profundo seguidor desde que era un niño de todo lo que tenga que ver con béisbol, ya sea en Cuba, Estados Unidos o donde se juegue con calidad.
Alguien nos pidió nuestros datos, y nos alegró la idea de participar en el juego, apoyar a nuestra selección y tratar de estrechar la mano también como lo hicieron otros, varios de los cuales se enteraron ahora de la trascendencia de luminarias como Derek Jeter, y sobre todo, los cubanos Luis Tiant y José Cardenal. Pero más que eso, la alegría estaba en ser invitados como parte del Comité de Selección del Salón de la Fama, pues como pasa en todas partes, es un orgullo ser miembro de ese tribunal escogido por una votación de casi cien personas dentro del Coloquio que en 2014 dejó inaugurado el proyecto oficialmente.
Mas nuestra invitación nunca llegó, y lo peor de todo es que nunca hubo una respuesta precisa, entendible. Bueno, al menos a otros se la dieron, pues yo nunca tuve la comunicación de que no estaríamos invitamos, y el por qué, a pesar de mis esfuerzos por averiguar por tal situación con las personas pertinentes.
Sé que el ICRT (Instituto Cubana de Radio y Televisión), nada tiene que ver con esto. De hecho fueron muy pocas las invitaciones que llegaron no solo para el canal Tele Rebelde, sino para el organismo en general, y eso es algo injusto completamente, porque el Canal de los Deportes en Cuba debió tener a todos sus integrantes como invitados pues lo merece más que una Universidad que no sea el Fajardo, o un centro de trabajo no deportivo.
En el caso nuestro, desconozco a estas alturas quién se olvidó de las invitaciones, o quien decidió que fueran otros en nuestro lugar. Quizás el Salón de la Fama no sea nada importante para los que tenían que ver con esto, eso en caso que en algún momento haya llegado la solicitud de invitación a los responsables de otorgarla.
Ya me daba pena decirle a todo tipo de amigos, de aquí y de allá, que no había sido invitado. Al principio decía que iría, porque ingenuamente pensé que pasaría, pero cuando era inminente nuestra ausencia, me inventé todo tipo de excusas hasta que me cansé de mentirle a la gente y a mí mismo. Que cada cual sacara las conclusiones que quisiera.
Incluso hubo quienes quisieron invitarnos por otras vías. A Félix por la Universidad, a Sené y a mí por delegaciones norteamericanas, pero preferimos esperar por la que nos tocaba directamente, y que parecía que no tendría grandes problemas. A fin de cuentas el total del grupo del Salón de la Fama es una cifra risible para las más de 20 mil invitaciones entregadas.
Resulta increíble que haya músicos, artistas y otras personas que no tienen que ver con el deporte, y la seguridad del juego, que no solo hayan sido priorizados, sino que incluso estuvieron en asientos preferenciales, compartiendo con estrellas del béisbol cubano y siendo parte de este momento histórico.
No lo fuimos nosotros esta vez. Y más que mi caso, lo que me duele es por gente más veterana, cuyo almanaque no es ya tan bondadoso, como Sené y Oscar, que tanto hacen por ese deporte pese a que la salud no siempre les es favorable.
Vimos el partido como la mayoría, por televisión, y por lo menos tuvimos la dicha de compartir buena parte del día siguiente con Jeff Idelson, Presidente del Salón de la Fama de Cooperstown, junto a los miembros del proyecto de la franquicia cubana en Ligas Menores. Por cierto, otra promesa que nos habían hecho y que solo fue lograda por nuestro propio trabajo y contactos, y no por la gestión de los que tenían que ver con nuestras invitaciones.
Dios quiera que el tiempo alcance para gente tan querida como Oscar, Rolando o Sené, puedan disfrutar de otros momentos históricos, no para ganar dinero o prestigio, sino para ganar más pasión por algo que en este país es más sagrado que todos nosotros: el béisbol.
Nosotros no pedimos que nos regalen nada, ni que nos reconozcan nuestro trabajo. Solo reclamamos lo que por derecho nos hemos ganado. Vivimos para el béisbol y no del béisbol, como algunos que un día serán aplastados por la historia y por la vida.
Roma paga a sus tridores pero los despresia 

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