miércoles, 4 de junio de 2014

Despaigne: errores, verdades y ácidas conjeturas


 

 Confeccionar un pasaporte falso para que Alfredo Despaigne transitara impunemente por la Liga Mexicana de Béisbol fue una torpeza mayúscula, de eso no hay duda. Negar el conocimiento de las regulaciones impuestas por las Ligas Menores para el certamen azteca fue otra de similares proporciones, pero intentar tergiversar aún más los hechos se convierte en oportunismo barato.

Hace apenas tres días la dirección de la LMB informó en Cancún la decisión de separar del organismo a Enrique Rosado, presidente del club campechano, en tanto se esclarecían completamente todo lo relacionado con el tema del pasaporte falso. Sí, irremediablemente falso, porque está claro que Despaigne no posee tal documento.

Sin embargo, antes de conocerse la sanción de la LMB, ya el propio Enrique Rosado había presentado una sintomática renuncia a la dirección del club, mucho antes de que las investigaciones pertinentes llegaran a conclusiones definitivas. Ese solo hecho deja varias cosas bien explícitas.

Hasta ese punto, todo claro. Mas, en el servicio informativo de Notimex que anuncia la separación de Rosado de la LMB hay lagunas que pueden prestarse a manipulaciones burdas.

La agencia asegura que “Despaigne (…) utilizó un pasaporte dominicano, el cual es falso, con la finalidad de poder ser tomado en cuenta por clubes de Grandes Ligas, para jugar en algún momento en el mejor béisbol del mundo”.

No basta entonces con el escándalo en que se ha visto envuelto Despaigne, ahora también le cargan la intención de “promocionarse” en la LMB con un documento de identidad dominicano falso, como si todo este embrollo hubiese sido tramado por el pelotero cubano.

Por si fuese poco, la agencia parafrasea a la dirección de la LMB—que, según Notimex, parecer desconocer inexplicablemente las declaraciones de las partes involucradas— y pone en un segundo plano la responsabilidad del club al afirmar que “Piratas de Campeche es en parte culpable, al saber del asunto, toda vez que Despaigne utilizó este documento dominicano con la finalidad de poder ser tomado en cuenta por clubes de Estados Unidos”.

Tales palabras se derrumban con elementales verdades.

Primero, Alfredo Despaigne no es un jugador desconocido para ninguna de las franquicias de las Grandes Ligas. Hablamos de un bateador impresionante, dueño de unas muñecas valoradas en millones y capaz de poner a volar la pelota más allá de los límites del terreno. Y si es cierto que aún le falta mucho por depurar, constituye hoy una presa codiciada por cualquier selección de las mayores.

Segundo, sería un total falta de cordura pensar que el cuarto madero de la selección cubana de béisbol, un hombre que despachó inmensos batazos en el último Clásico Mundial de Béisbol (organizado, dicho sea de paso por las Mayores), precisa de un pasaporte dominicano para estar en la mira de los scouts.

El solo hecho de pertenecer al roster de jugadores de Cuba es un boleto prometedor, un aval que hoy tienen muy en cuenta todos los entendidos del béisbol. Súmele a ello que Despaigne está en su segunda temporada de la Liga Mexicana, con números que no compra un pasaporte por muy dominicano que este sea.

Todo ello convierte al toletero cubano en una figura muy visible dentro del panorama beisbolero actual.

Además, si la presumible intención de Despaigne fuese llegar a las Ligas Mayores, bastaría con que el cubano levantara la vista: México es un trampolín excelente para llegar a los Estados Unidos y muchos estarían encantados de “ayudar” a Despaigne en ese salto. Por lo tanto, la excusa del pasaporte falso como “publicidad” no resiste el menor de los análisis.

Lo que no dice Notimex

La pregunta correcta sería por qué la agencia de noticias no abunda en las verdaderas causas que impulsaron a los responsables a cometer el desastroso fraude; por qué una franquicia mexicana debe incurrir en semejante rejuego para integrar a sus filas a un jugador cubano.

Repito, nada justifica tal proceder y es condenable desde todo punto de vista; mas, sería tonto desconocer las presiones a que están sometidos los atletas cubanos para insertarse en ligas extranjeras, las cuales constituyen hoy un arcaico mecanismo de extorsión sin parangón en el mundo.

Para comprender el contexto y no para justificar, habría que explicar —sin medias tintas y con palabras exactas— que los peloteros cubanos son los únicos obligados a renunciar a los vínculos con su país natal para ser aceptados en las Grandes Ligas o sus sucursales en Latinoamérica, según la regulación de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) adjunta al Departamento del Tesoro de los Estados Unidos de Norteamérica.

Supongamos por un momento que Notimex se limitó a reproducir, tal cual, las afirmaciones de Plinio Escalante, presidente de la LMB. Si fuese así, el señor Escalante cometió varios errores graves.

Primero, al explicar que “muchos peloteros cubanos deben presentar otra nacionalidad distinta a la suya para ser tomados en cuenta por clubes de Estados Unidos”, porque no son “muchos”, son todos aquellos que aspiren a insertarse en la MLB. Segundo, al presidir una organización a la cual es tan sencillo pasarle “gato por liebre”.

A pesar de que luego declarase que, tras la presentación de los documentos de Despaigne por parte de Campeche, la organización que dirige dio un voto de confianza a la franquicia y los aceptó por válidos, sin detenerse a confirmar la autenticidad del documento; Escalante y la LMB debieron esperar la denuncia realizada por ESPN para identificar la falla en el sistema, pues, casi dos meses después de presentar sus documentos falsos y comenzar a jugar, Despaigne aún permanecía en el cuarto turno de la alineación campechana.

Además, si el control fuese tan sencillo, cómo es posible que la franquicia de Campeche consiguiera burlar por cinco años a la OFAC, teniendo entre sus filas a otros jugadores y entrenadores cubanos, quienes luego de finalizar la temporada de la LMB, regresaban a Cuba con sus familias. No, en este caso poco es lo que parece ser, y detrás de ello hay mucho más que la lucha por mantener el buen nombre y la integridad del certamen azteca.

Seamos claros, Despaigne es un saco de dólares andantes en este negocio del béisbol. Un saco grande, debemos admitir, uno en el cual han puesto los ojos ya los magnates de este deporte.

El resto del escándalo es pura parafernalia, un montaje de cuarta división encaminado a obstaculizar el desempeño del cubano en la LMB con el fin de atraerlo hacia la Gran Carpa como último recurso, algo que no han conseguido aún a pesar de los esfuerzos.

En serio: ¿atraer atención con pasaportes falsos?…¿Será que los permisos de residencia ahora batean?


deportivasmlb@gmail.com

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