martes, 21 de febrero de 2017

En un equipo CUBA unificado estos serían mis favoritos en la alineación "REGULAR"

Orestes Kindelán: “Yo quisiera que hubiera veinte Despaignes en Japón”

Cuando yo era un industrialista fervoroso, admiré tanto a Orestes Kindelán que mis amigos llegaron a acusarme de sentir simpatías por Santiago. A menos que los diera para decidir un juego contra los azules, sus jonrones llegaron a ser -como los de Luis Giraldo Casanova- un motivo de inefable regocijo en mis noches beisboleras.
Muy cerca estuvo de pegar 500 (marca casi irrompible habida cuenta de que nuestros sluggers ya conocen las rutas hacia el Norte). Le salían tan naturales que parecían jonrones fisiológicos. Lo mismo los sacaba por el medio o por las bandas. No importaba si enfrente había un curveador o un supersónico. Kindelán era “el Kinde” como quiera: en el Cuba, protegiendo a Linares; en Santiago, detrás de Pacheco.
Fue torpe con el guante. No tenía posición ideal en el campo, mas por eso tenía la que se le antojara. Fuera del designado, jugó de receptor, de inicialista, de jardinero izquierdo… Tanto bateaba el oriental, que si se hubiera encaprichado en irse al campo corto, seguramente el manager lo habría complacido.
Me lo encontré hace poco. Le recordé que alguna vez me le ofrecí para escribir el libro de su vida, y él insistió: “Ya me lo están haciendo”. Nunca ha sido partidario de la prensa. Inclusive recuerdo a algún colega desbarrando de él porque le había negado una entrevista. “Hay mucha gente que habla sin saber –me dice. Y yo voy a morirme siendo como soy”.
Le pido que me hable un poco de este equipo Cuba al Clásico. De su trabajo como entrenador de bateo. De la pelota de hoy. Me mira. Se sonríe. Espero lo peor (esto es, un “No” rotundo), pero no ocurre lo peor. Por el contrario, Kindelán hace un gesto afirmativo y queda esperando las preguntas en un cajón imaginario.
¿Con qué deficiencias has tenido que trabajar más?
-Hablar de eso tomaría su tiempo, porque cada bateador tiene defectos diferentes. Pasa que la juventud a veces no quiere entender ciertas cosas que se le tratan de enseñar, y el trabajo se complejiza. Es que se olvida que para aprender hay que escuchar y tener ganas de mejorar. Yo, por ejemplo, me la paso observando la cámara lenta, estudiando el uso que hacen los buenos peloteros de los hombros, las muñecas, los antebrazos, la vista (que para mí es la parte fundamental); analizando cómo terminan los swings o cómo hacen los ajustes según el sistema de pitcheos y lo que tiran los lanzadores.
¿Podrían llegar en forma óptima Yosvani Alarcón y Frederich Cepeda?
-Aquí cabría bromear diciéndote que si te digo que sí, te miento; y si te digo que no, te engaño. Pero yo pienso que ellos podrían llegar al evento aproximadamente al setenta por ciento de sus posibilidades. Los dos se ven agresivos con el bate y lo que les falta es coger los tiempos del pitcheo. En mi criterio son dos piezas claves en las aspiraciones cubanas, porque los juegos de pelota se ganan haciendo carreras.
Y en el caso de Yoelkys Céspedes, ¿has hecho énfasis en sus dificultades con los rompimientos?
-Con los muchachos nuevos hay que ir al paso. Primero lo que hay que hallar la manera de que él le pegue bien a la pelota. Después que aprenda eso, entonces buscaremos el modo de hacer que adapte su mecánica hasta el punto de poder levantar una curva, golpear una recta a la banda contraria, sacar los brazos con un envío pegado o descifrar lo más importante que existe para un bateador, que es la zona de strike. Yo mismo era malísimo con los rompimientos, pero hice el esfuerzo, pregunté a los que les debía preguntar, y eso dejó de ser problema.
¿Por qué apenas se ven sluggers en la Cuba actual?
-Si lo comparo con mi tiempo, ahora prácticamente no hay. Primero, porque muchos se han ido del país. Y segundo, porque supongo que están saliendo los efectos del Período Especial.
¿Demorará Santiago en regresar a la elite?
-No lo creo. A simple vista parece lejano, pero hay muchos jóvenes con condiciones. Uno mira el talento de que dispone y el que tienen otras provincias, y se da cuenta de que cuenta con peloteros que pueden hacer las cosas.
¿Qué es más difícil, batear o enseñar a hacerlo?
-Lo segundo, porque uno aprende solo, pero tiene que enseñar a mucha gente. Es complicado ver a diez hombres y tener un criterio acertado y diferente para cada uno de ellos, y lo peor, que todos acepten los consejos que les das, porque cada cual tiene un carácter propio. El atleta se preocupa por él; el entrenador, por el equipo entero.
¿Sientes dolor o resignación cuando piensas en que tenías talento para jugar en ligas extranjeras y asegurar tu futuro económico?
-Dolor en el sentido de que tuvimos las mismas posibilidades deportivas que los de ahora y siempre nos dijeron que no. Pero resignación, no. Yo quisiera que hubiera veinte Despaignes en Japón ahora mismo, y que lo hicieran bien.
¿Tendremos alguna vez en el Cuba un trío similar a Pacheco-Linares-Kindelán?
-Yo no jugué Grandes Ligas y por respeto no debo hacer ningún tipo de comparaciones. Así que cuando hablo de aquel trío que formamos Pacheco, Linares y yo, no estoy menospreciando para nada a los grandísimos peloteros que tenemos ahora en la MLB, como Céspedes y Abreu. Solo miro a la calidad individual que nos dio la vida y noto que no hay razón para sentirnos ni más pequeños ni más grandes. Vivimos nuestra pelota de otra manera, y eso es todo.
¿Cuál fue el lanzador más difícil al que te enfrentaste?
-El que nunca me pitcheó.

Adeiny Hechavarría admite que mintió en caso de contrabando de peloteros


Por: martinoticias 
El santiaguero Adeiny Hechavarría testificó este viernes que Eliezer "Chicharo" Lazo le presentó al agente Bartolo Hernández y fue una figura clave en la red de contrabando de peloteros cubanos con base en Cancún, México.
El torpedero cubano del equipo de Grandes Ligas Miami Marlins, Adeiny Hechavarría, dijo este viernes a un jurado federal que mintió a los investigadores acerca de una figura clave en una supuesta red de contrabando de peloteros isleños vinculada a un agente deportivo y entrenador de la Florida.
El santiaguero Hechavarría testificó este viernes que Eliezer "Chicharo" Lazo le presentó al agente Bartolo Hernández y fue una figura clave en la red de contrabando de peloteros con base en Cancún, México, informó Curt Anderson, escritor de asuntos legales de la agencia AP.
Lazo habría ayudado a organizar viajes de contrabando y obtener los documentos de los jugadores.
El pelotero santiaguero dijo a los jurados que no quería ser un soplón.
"Estaba un poco nervioso y no quería decir la verdad. Y no quería ser un soplón", señaló.
Hechavarría regresará el martes, 21 de febrero, para continuar su testimonio. El Departamento de Justicia le prometió en una carta que no enfrentaría cargos en el caso de contrabando de peloteros si decía la verdad.
El campocorto firmó un contrato de $ 10 millones con los Blue Jays de Toronto después de dejar Cuba en 2010. Fue cambiado a los Marlins en 2012.

Los tres mosqueteros del béisbol cubano

La imagen puede contener: 1 persona, de pie, béisbol y exterior

La historia del béisbol cubano guarda un lugar especial para un trío de bateadores que, durante dos décadas, hicieron la vida imposible a la mayoría de los lanzadores. Ellos no se caracterizaban por su fuerza al bate, sino por su excelente tacto y la velocidad que podían imprimirle a sus piernas. El inolvidable narrador Bobby Salamanca los denominó “los tres mosqueteros” y así todavía son recordados Félix Isasi, Rigoberto Rosique y Wilfredo Sánchez.
Isasi debutó en la temporada de 1963-1964, con Occidentales y durante 18 años defendió los colores de diferentes equipos como Henequeneros, Centrales y Matanzas. En la segunda base era rápido, seguro y tenía una gran capacidad de desplazamiento hacia ambas manos.
Entre los momentos más significativos de Isasi con la selección nacional estuvo su presencia en dos campeonatos mundiales muy recordados: el de República Dominicana, en 1969 y el de Cartagena, un año después.
En el Mundial de 1970, Isasi rindió una de las actuaciones más sobresalientes de todos los tiempos en un evento internacional cuando lideró el departamento de las carreras impulsadas con 15 y terminó con average de 396.
Allí Isasi protagonizó una jugada espectacular al “esconder la pelota” y sorprender a los estadounidenses en el partido por la discusión de la medalla de oro. Todo sucedió cuando los norteños colocaron a un hombre en segunda base. Entonces, Isasi le pidió al lanzador Manuel Hurtado que le pasara la bola. Nadie se dio cuenta de ese movimiento. El habilidoso jugador se retiró hacia su posición y comenzó a darle ánimos a su pitcher. El corredor norteamericano “mordió el anzuelo” porque comenzó a adelantar y ese fue el momento preciso en que Isasi corrió hacia él, lo tocó y, gracias a este ardid, se desvaneció la amenaza. Cuba ganó los dos partidos del play off y retuvo el título de campeón mundial.
La vida en el deporte activo terminó para Isasi en 1981. Sus números, sobre todo si se analiza que jugó en uno de los períodos de mayor esplendor del béisbol nacional y con el bate de madera, pudieran considerarse como excelentes: promedió para 293, con 445 carreras remolcadas y apenas 294 ponches recibidos en más de 3900 veces al bate.
El “segundo mosquetero” era Rigoberto Rosique. Su número 7 ocupó la pradera central matancera durante 13 años. Por lo general Rosique jugaba corto y esta era una característica que lo distinguía. Él confiaba en su gran capacidad de desplazamiento para fildear los batazos más profundos, aunque nunca se destacó por tener un poderoso brazo.
Rosique debutó en las Series Nacionales el mismo año que Isasi y en su temporada inicial impuso un récord para novatos al anotar 34 carreras. Cinco años más tarde, Rosique integró la selección al Mundial de República Dominicana en 1969 y allí su actuación fue fundamental para el triunfo cubano.
En el partido contra Estados Unidos, Cuba llegó al final del octavo capítulo con desventaja en el marcador; pero el lanzador Gaspar “Curro” Pérez conectó el jit que impulsó el empate y, con dos hombres en circulación, vino a batear Rosique.
Con el conteo a su favor, Rosique disparó el imparable decisivo que puso delante en el marcador, definitivamente, a Cuba. Del resto se encargó el “Curro” Pérez con su efectivo relevo. Rosique siguió brillando en las Series y conquistó en dos oportunidades el título de bateo, primero en 1971, con un promedio de 352 y luego, en 1974, con 347. Para sorpresa de muchos, en 1975 el fogoso jardinero central anunció su retiro del béisbol.
La despedida de la práctica diaria no significó en Rigoberto Rosique un alejamiento de los terrenos, porque estuvo al frente de Las Tunas y Matanzas en las Series Nacionales; aunque con estos equipos no alcanzó buenos resultados.
El “tercer mosquetero” matancero es considerado el jugador cubano de mayor tacto después de 1959: Wilfredo Sánchez. Este genial pelotero forma parte de una familia de enorme tradición deportiva: los Sánchez de Jovellanos. Cuatro de sus hermanos estuvieron en las Series Nacionales y uno de ellos, Fernando, fue un estelar jardinero. No sería exagerado afirmar que la familia Sánchez es la más destacada de todos los tiempos en la pelota cubana.
Wilfredo siempre ocupó el primer puesto en la alineación y defendió a lo largo de su carrera el jardín derecho. Nunca fue un bateador de fuerza y en 19 temporadas apenas disparó 16 cuadrangulares; sin embargo, en él se reunían las características ideales de un primer bate: excelente tacto y gran velocidad, lo que le permitió conectar 2174 imparables y ganar seis títulos de bateo.
En 1969, en una Serie de 99 juegos, Wilfredo asombró a todos cuando alcanzó la impresionante cifra de 140 jits, de ellos 13 triples, ambos récords. El de jits se mantuvo hasta 1998 cuando Michel Enríquez lo superó, al llegar a 152; mientras el de triples continúa vigente.
Wilfredo demoró un poco en llegar al equipo nacional, al igual que le sucedió a Rosique; pero después de “romper el hielo” no pudieron dejarlo fuera de la selección en una década.
En eventos internacionales, Wilfredo intervino en siete Mundiales, en los que Cuba siempre terminó como campeón; también en tres Juegos Panamericanos y tres Centroamericanos. Su momento más destacado ocurrió en el Mundial de Nicaragua, en 1972, cuando promedió para 414 e impulsó 13 carreras.
Wilfredo fue el primer jugador cubano en alcanzar los mil y dos mil imparables. En los años ochenta ya había visto pasar sus mejores momentos; no obstante, quiso seguir jugando para su provincia y, poco antes de su retiro, el veterano pelotero consiguió una extraordinaria hazaña: ganó su sexto campeonato de bateo en 1984. De esta manera se convirtió en el único hombre que ha logrado títulos ofensivos en tres décadas diferentes.
La primera corona fue en 1969; luego hubo cuatro en la década de los setenta y la última en 1984. Parece muy poco probable que algún otro jugador pueda igualar esta prueba de longevidad, unida a una calidad indiscutible.
De seguro los seguidores del equipo Matanzas extrañan los tiempos en que “los tres mosqueteros” Félix Isasi, Rigoberto Rosique y Wilfredo Sánchez hacían temblar a los lanzadores.

Yoenis Céspedes sólo tiene en la mira darle un título a los Mets

La imagen puede contener: 1 persona, practicando un deporte y béisbol

No más desfiles de automóviles. El jardinero cubano Yoenis Céspedes ya tiene un contrato a largo plazo y está enfocado en darle un título de Serie Mundial a los Mets.
Con carros que llaman la atención de igual manera que su trueno en el plato, Céspedes le está dando menos importancia a aquel aspecto de su vida y en vez se está concentrando más en su desempeño sobre el diamante. Al firmar en noviembre un pacto de cuatro años y US$110 millones, Céspedes se está estableciendo como una piedra angular en el futuro del conjunto de Queens.
"Eso me da un poco de calma, el saber que ya no tengo un contrato de un año y que voy a estar con los Mets por los próximos cuatro años", señaló Céspedes tras su llegada a los Entrenamientos de Primavera. "Me brinda algo de tranquilidad y así puedo enfocarme mejor".
Aunque reconoce que no está listo para la etiqueta de líder que le llevaría en un futuro, Céspedes dijo que el objetivo es el mismo en su trabajo diario.
"No creo que nada cambiará [en cuanto a el liderazgo se refiere]", dijo el guardabosque. "Pienso que continuaré siendo la persona que sale al terreno y quiere darlo todo, trabajar lo más fuerte posible y continuar ayudando al equipo y a los demás de cualquier manera en que pueda".
Céspedes indicó que el espectáculo de sus automóviles hace un año no fue algo que había planeado.
"Creo que mi enfoque nunca ha sido más allá del béisbol", explicó el cañonero. "El año pasado, con los carros, eso fue un aspecto fuera del terreno. Pienso que apenas entraba al terreno, siempre me concentré en el béisbol y sigue siendo así.
"El año pasado, eso pasó de repente".
Céspedes reveló que ahora tiene más caballos.
El dirigente de Nueva York, Terry Collins, dijo que no vio los automóviles y caballos como una distracción y que no hay nada malo con divertirse.
"En el clubhouse del Citi Field tenemos un aro de básquetbol", declaró Collins. "No hay nada malo con cosas así".
"Algo que siempre me impresiona de los jugadores de Grandes Ligas es que saben cuándo es hora de dejar las bromas. A las 6:35 (para un juego a las 7:05), prenden el switch y comienzan lo serio. Entonces si llega mañana sobre un caballo, a las 10 a.m. estará sobre el terreno y trabajará fuerte".
Ahora con el inicio de los entrenamientos, un contrato nuevo y uno de los mejores rosters en el béisbol, Céspedes está enfocado en ganar con un equipo con excelentes posibilidades.
"No pienso que hay urgencia. Sin embargo, cada jugador siempre quiere ganar esa Serie Mundial", dijo Céspedes. "Si este equipo puede mantenerse en salud, creo que tenemos una gran posibilidad de lograrlo".

Roberts ve a Puig como su jardinero derecho de todos los días en Dodgers


En el roster de los Dodgers hay suficientes jardineros para dividir cada uno de los tres puestos, pero todo luce indicar que en un mundo perfecto, el manager Dave Roberts quisiera tener a Joc Pederson en el bosque central y al cubano Yasiel Puig en el derecho de manera regular.
"Todos conocemos a Yasiel como defensor; si está jugando, puede impactar el juego del lado defensivo", dijo Roberts. "Ahora ves la calidad de sus turnos frente a los derechos y los zurdos. Si eso es consistente, no debe de haber motivo por el que él no estaría jugando prácticamente todos los días. Yasiel está muy motivado y quiere hacer lo mejor para el club. Espero que juegue mucho.
"Cuando dividimos el tiempo de juego en un puesto, se trata del personal. (El cubano) Yasmani (Grandal) no bateó muy bien ante los zurdos, así que tenía sentido tener a otro (para compartir la receptoría, que fue el panameño Carlos Ruiz al final del 2016). Lo mismo con Chase (Utley). ¿Veo a Joc agotando más turnos ante zurdos? Claro que sí. Pero eso se definirá con la calidad de sus turnos".
Pederson tuvo OPS (porcentaje de embasarse más slugging) de .918 contra los derechos pero apenas .469 vs. los zurdos la temporada pasada. Puig tuvo .784 ante los zurdos, comparado con .715 frente a diestros.
Aunque el jardín izquierdo parece estar en manos de Andrew Toles, Andre Ethier es el jardinero de más experiencia viniendo desde la banca, presumiendo un buen regreso de una fractura en la pierna derecha.
El venezolano Franklin Gutiérrez fue firmado más por su bate derecho que su defensa (ex Guante de Oro) y podría ganarse tiempo de juego si produce en la pretemporada.
Si Roberts decide dividir algunos de los jardines, no es algo que vaya a definirse a esta altura de los entrenamientos.
"Los jugadores comprenden la idea de hacer lo que más convenga para ganar el juego de esa misma noche", dijo el capataz. "No puedo complacer a todos los que quieren un lineup fijo todos los días. Vamos a hacer lo que se requiera para ganar en un día particular".

Las razones de Martí


Vladimir Baños subirá al montículo, que también puede recibir a Noelvis Entenza, Alain Sánchez y Miguel Lahera.
Por Roberto Ramírez 2/21/2017
 Foto: Roberto Morejón
VARIAS razones aportaron satisfacción al mentor Carlos Martí durante el estreno de su equipo en el tope preparatorio organizado aquí contra la de China Taipei de cara al venidero IV Clásico Mundial de Béisbol.
En primera instancia la victoria, acuñada seis carreras por dos en premio a 11 imparables que incluyeron batazos de todas las dimensiones, y buen relevo largo del zurdo Yoanni Yera, quien en cinco actos apenas admitió una anotación y seis jits, y propinó otros tantos ponches.
«La ofensiva respondió muy bien, y aunque restan varios días de entrenamientos y otros encuentros de confrontación fue importante que ganáramos como lo hicimos», sentenció el estratega en el Estadio Intercontinental donde el público apoyó a los suyos hasta el último instante.
«También nos permitió confirmar que tenemos aspectos en los que seguir trabajando», añadió con pragmatismo absoluto, minutos después del choque en que los suyos celebraron jonrón de Yosvani Alarcón y triple de Roel Santos, realzado con balance de 4-3.
¿Por qué Yera cinco capítulos tras los tres cubiertos por el abridor Yosvani Torres, a quien le anotaron una vez en el segundo?
«Tal como anunciamos el plan era utilizar al menos a tres lanzadores, pero teniendo en cuenta que la cantidad de envíos influiría», puntualizó Martí.
«Queríamos ver a Torres, y por eso abrió, y después apelamos a Yera en su condición de zurdo llamado a asumir un papel importante en la rotación», añadió.
«Lo dejamos hasta que se acercara a los 65 lanzamientos que estarán permitidos en el clásico (hizo 62), y después colocamos a José Ángel García como cerrador, tal como habíamos previsto», expresó.
A propósito, de conjunto admitieron 11 indetenibles (cinco Torres) y el entrenador de esa área Orelvis Ávila aportó otros datos interesantes: de sus 131 pitcheos (48 Torres, 62 Yera y 21 José Ángel) 83 fueron strikes y 48 bolas, y solo regalaron un boleto (el cerrador).
Todo ello pese al lógico cansancio que subsiste después del largo trayecto recorrido desde La Habana y el poco tiempo de estancia en una urbe donde la selección de la isla goza de gran reconocimiento entre aficionados que insisten en llevarse firmas y fotos como recuerdos.
«Según avancen los días el nivel será más alto, porque aún no hemos alcanzado toda la adaptación, y estos encuentros contribuirán a acercarnos a la forma óptima», precisó su timonel antes de sostener que este martes habrá cambios en la formación regular.
«Hay caras que van a repetir, pero también otras que no abrieron en el juego inicial», confirmó a tono con el objetivo de evaluar las respuestas de todos.
En tal sentido será importante perfilarse mejor ante los zurdos, pues no por gusto el abridor Kuan-Yu Chen (tres entradas) y Sheng-Hsiung Huang (una) fueron los únicos ilesos la víspera.
Vladimir Baños subirá al montículo, que también puede recibir a Noelvis Entenza, Alain Sánchez y Miguel Lahera.
Actuación por jugador:
Los regulares: Roel Santos (cf): 4-3/2 impulsadas, Alexander Ayala (2b): 4-1/1 impulsada, Frederich Cepeda (d): 2-1/1 impulsada y 3 bases por bolas, Alfredo Despaigne (lf): 3-1, William Saavedra (1b): 4-1, Yosvani Alarcón (r): 5-1/1 impulsada, Yurisbel Gracial (3b): 4-1, Carlos Benítez (2b): 2-0 y Yoelquis Céspedes (rf): 4-1. Los sustitutos: Yordan Manduley: 1-1, Guillermo Avilés: 1-0, Víctor Víctor Mesa: 1-0, Raúl González: 0-0.

¿Canallas?

Los que van y aplauden las consignas huecas que aún son semillero en la isla de Cuba
Se puede entender perfectamente a esas personas que han sido víctimas del monopolio de la información ejercido por el castrismo desde hace más de medio siglo. Se puede entender perfectamente, digo, a esas personas que, carentes de la noticia exacta de lo que ha sucedido en el mundo, pero, sobre todo, de lo ocurrido en la Isla en el lapso antes dicho, aún se manifiestan a favor del régimen o al menos asienten ante el hacer —y deshacer— de este.
Mas, aquellos que bien por sus viajes al extranjero o bien porque ya hoy en día tienen acceso de una u otra manera a un cúmulo de información donde constan los desmanes del castrismo, y aun así continúan manifestándose a favor de este, no es posible comprenderlos.
Ejemplo —y me cuento entre ellos—: cubanos que, ya fuera de su tierra por un lapso breve o largo, conocieron del asesinato en masa que sufrieron quienes huían en el remolcador “13 de Marzo”, o de los severos maltratos —físicos, psicológicos— de que fueron objeto tantos de los que decidieron abandonar el país durante la Crisis del Mariel, o de ciudadanos que en la actualidad son golpeados salvaje y públicamente por disentir de la ideología imperante o por vender una mercancía o servicio sin autorización estatal... Cubanos, decía, que, asombro mediante, han recibido estas novedades y, como indica lo lógico y lo justo, han discrepado o “desertado” definitivamente de sus simpatías por el castrismo, son muchos…
Porque resulta que si usted se entera de que en nombre del régimen con el cual simpatiza, fueron masacrados mujeres, hombres, niños, ancianos por medio de un barrida de agua a presión sobre la cubierta de una embarcación; o de que compatriotas suyos han sido vilipendiados, torturados al hacerlos arrodillarse ante la imagen de un gobernante o al destinarles golpes, cortadas en las partes más delicadas del cuerpo, por el único pecado de querer abandonar su país haciendo uso de un derecho que debe tener todo ser humano; o ya usted está enterado de que semana tras semanas valientes mujeres que salen a protestar llevando como única arma un gladiolo en alto, son golpeadas salvajemente, arrastradas por las calles, encarceladas por las fuerzas del orden... Si usted ya hoy está impuesto de todo esto —y de lo tanto semejante que faltaría citar—, y continúa declarándose públicamente en favor del régimen que lo lleva a cabo... usted es un canalla.
¿O habrá otra definición?
Y digo “públicamente” con toda intención. Es decir, me refiero a esas personas que allá en la Isla tienen acceso a la opinión colectiva, pero —y esto es muy importante— de ningún modo están obligadas por las circunstancias a manifestarse de una u otra manera. O aún más: absolutamente nadie las obliga a que se manifiesten sobre quehaceres políticos, bien en sus alocuciones, bien en sus escritos.
Es más: podrían, con toda invulnerabilidad, decidirse por el honroso camino del silencio. Pero no…, van y aplauden las consignas huecas que aún son semillero en la isla de Cuba, van y se postran ante un dirigente político o administrativo con mucho menos cacumen que el postrado y que no está haciendo otra cosa que repetir la cinta para continuar viviendo del “pueblo honrado y trabajador”.
Uno quisiera hallar otras definiciones, por ejemplo: “idiota”, “retrasado”, o en el mejor de los casos “candoroso” por memoria genética.
Pero qué va, imposible...
¿Serán personas que, en contra del colectivismo que propaga el propio comunismo, lamen la lengua del poder para mantener privilegitos de segunda categoría?
En fin. ¿Canallas? ¿O qué?

miércoles, 15 de febrero de 2017

El equipo fantasma


"Intrigante. Hay una vieja pregunta que carece de respuesta precisa, deslizándose hacia lo especulativo: ¿Cuántos cubanos hubieran aterrizado en las Grandes Ligas en las últimas décadas, de no haber sido cortado el cordón umbilical del beisbol profesional en la isla? Obviamente, nadie lo sabe, pero es inevitable entrar en consideraciones mientras barajamos nombres de peloteros impactantes en el sector aficionado.
Por: Edgard Tijerino 13 Febrero 2017
Para evitar enredos en la estructuración de un “All Star cubano” de aquellos tiempos, con peloteros que podían ser etiquetados como futuros big leaguers, previos a los desertores que se abrieron paso hasta convencer y establecerse, tratemos de enfocarnos en lo que vimos. Luego, agreguen ustedes los nombres que consideren viables.
ANTONIO MUÑOZ. Lo coloco –tomando ciertos riesgos- sobre Agustín Marquetti en la primera base. Bateador de impresionante poder y buen desempeño, el llamado “Gigante del Escambray”, pulido en los niveles de mayor exigencia, hubiera podido ser una aproximación de Canseco en poder, quizá con mejor dominio de la zona de strike.
ANTONIO PACHECO. En Atlanta, el columnista Dave Kindred escribió sobre Pacheco: “Este el segunda base que los Bravos necesitan”. Es dificil valorarlo mas alto que Félix Issasi a quien tantos equipos de Grandes Ligas pretendieron firmar en el inicio de los años 70, pero su agresividad y fuerza con el bate en momentos de mayor competitividad, su versatilidad y crecimiento bajo presión, lo habrían convertido en un pelotero de Juego de Estrellas.
GERMÁN MESA. En una tierra de grandes paracortos como Willie Miranda, Joe Valdivieso, Zoilo Versalles, Leonardo Cárdenas, Dagoberto Campaneris y otros hasta llegar a Rodolfo Puente y Rey Ordóñez, lo mejor que vi en el campo corto de una Selección antillana, es Germán Mesa. Lució fabuloso durante los Panamericanos del 91. Fue sencillamente increíble fildeando, y pese a su pequeña estatura, era un bateador altamente peligroso. Hubiera sido un autentico estrella “allá”.
OMAR LINARES. ¡Qué antesalista señores!, pero ¿qué hacemos con Cheíto Rodríguez? Fue grandioso, aunque no tanto como Linares. Desde que vimos al joven Omar en la Copa del 85 en Edmonton, deslumbró y continuó espectacularmente hasta que no tenía “mas allá” como amateur. Dicen que le ofrecieron un cheque en blanco. Opacó a Robin Ventura, y todos los terceras bases norteamericanos que llegaron a las Mayores y admitieron comparación con él en diferentes torneos. ¿Qué se piensa? Que hubiera sido un 40-40-300.
¿QUIÉN CATCHER? En los 70, un veterano Lázaro Pérez, fue el maestro de la posición y un bateador de respeto.
Mas adelante, Pedro Medina fue sólido como bateador, pero no mascoteaba con la efectividad necesaria. El mejor en la defensa y manejo de lanzadores fue Juan Castro, y alguién considerado con etiqueta de big leaguer si hubiera sido firmado a tiempo, es Pedro Luis Rodríguez. En una dificil posición, cada vez con menos pretendientes, Pedro Luis podría ser el hombre de la máscara en el line up de este equipo fantasma.
EN LOS BOSQUES. Vamos a ser un poco arbitrarios para garantizar a tres hombres: Wilfredo Sánchez por la izquierda, Víctor Meza como central y Luis Giraldo Casanova por la derecha. Los tres hubieran ascendido al estrellato en las mayores. Cierto, hemos desplazado a los Capiró, Rosique, y tantos más en posiciones de tanta preferencia en Cuba, con capacidad para seguir las huellas trazadas por hombres como Orestes Miñoso y Tony Oliva.
BATEADOR DESIGNADO. No podemos organizar un “All Star cubano” de aquellos tiempos, sin Orestes Kidelán. Sería imperdonable, y la opción de Bateador Designado, permite disponer de un espacio para semejante matador de pitcheres. Claro que hubiese jugado en las mayores y construido una consistente reputación.
EL PITCHEO. Liván Hernández primero y “El Duque” Hernández después, nos facilitaron una idea clara de lo que el pitcheo cubano de esos tiempos, podía ofrecer en la Gran Carpa. Ellos demostraron que José Antonio Huelga, Baudilio Vinnent, Jorge Luis Valdez, Lázaro Valle y Rogelio García, por citar apenas cinco brazos, se hubieran establecido, así como los relevistas Omar Ajete y Euclides Rojas. Hay mucho que discutir por supuesto, y ahí tienen las cartas sobre la mesa. Junténlas y barajénlas.

Hazañas en el diamante, ¿sepultadas en el olvido?


Por: Yirsandy Rodríguez Hernández 13 de febrero de 2017
Durante este viernes, cuatro de los que se podrían categorizar entre los 20 momentos más interesantes de la historia de la pelota cubana, pasaron desapercibidos por nuestros principales medios, ¡y de qué manera!
Un hecho tan importante como el debut de la novena de Industriales —ganadores de más trofeos con 12—, para muchos el equipo “insignia” de la pelota cubana, cumplió su aniversario 54. La celebración pasó por la vista de los lectores y televidentes, como aquellas relampagueantes combinaciones short stop-segunda de Tony González y el “Yayo” Linares, Rodolfo Puente y Rey Vicente Anglada, o Germán Mesa y Juan Padilla.
Aquel estreno de los azules fue acuñado por el estelar pitcheo del industrialista Rolando Pastor, que salió ganador frente al zurdo Franklin Aspillaga, de Occidentales, durante un duelo celebrado en el estadio Latinoamericano con pizarra de 8-2.
En la misma fecha, pero de 1979 (16 años después), el parque Calixto García Íñiguez de la Ciudad de Holguín, era inaugurado para acoger a millones de fanáticos en su extenso graderío, con capacidad para alrededor de 20 mil espectadores. Para beneplácito de la fanaticada holguinera, 23 años más tarde, el 26 de junio de 2002 su plantel se coronó con el título en la 41 Serie Nacional de Béisbol.
Desde entonces, los Cachorros de Holguín solo han podido clasificar a los play off en una ocasión (48 Serie en 2008-2009), y fueron barridos (4-0) por los Tigres de Ciego de Ávila. ¿Podría pasar desapercibido tan único y especial momento?
Para no irnos tan lejos del 2002, es válido detenernos en el día 10 de febrero. Eso, por dos razones de peso enorme… por dos heroicidades que merecen un aplauso cerrado: El jonronazo 400 de Omar Linares, y la segunda ocasión en que un pelotero conectó dos cuadrangulares en el mismo inning, honorable marca impuesta por el santiaguero Fausto Álvarez.
El récord de Linares, para muchos —dentro de los que me incluyo— el beisbolista cubano más inmenso y único de 1962 a día de hoy, descansa entre los más ilustres y colosales de todos los tiempos. “El Niño Linares”, como fue apodado por debutar con apenas 15 años, es uno de tres bateadores con 400 o más cuadrangulares en las Series Nacionales, solamente superado por la fuerza indomable del matancero Lázaro Junco (405) y el bate excepcional del “Tambor Mayor”, Orestes Kindelán Olivares (487).
Así pues, para coronar un día tan cargado de simbolismo y derroche de clase, el inolvidable “17” de la Aplanadora santiaguera, sopló dos bambinazos en el segundo capítulo ante los serpentineros de Matanzas, para así rubricar sello de siete remolcadas en un mismo inning.
Dicha huella fue mordida por los spikes de Alexei Bell, otro indómito, cinco años después, cuando el toletero botó dos pelotas con las bases llenas en el mismo primer episodio del día inaugural.
¿Será que la efervescencia de la recién terminada Serie del Caribe de Béisbol vetó a nuestros analistas, comentaristas, periodistas e historiadores a dejar escapar estos sucesos sin igual?
Seamos eco de nuestra gloriosa historia, ese será el camino más soberano en la carrera de querer ayudar al béisbol nuestro, que tantas emociones nos ha regalado, cuando no pocos imaginaron que la pelota Revolucionaria no alcanzaría a seducirnos.
Hay suficiente tela por donde cortar, y ojalá aparezca ya la tijera que mastique estos fallos, antes de seguir dejando escapar suspiro a suspiro una historia rica que es idiosincrasia. Lo mío primero, vengo viendo y escuchando esa frase desde que intentaba empinar papalotes con javitas. Por eso siempre digo que sí se puede, y en momentos así es cuando creo que la balanza de la razón se inclina hacia todos los que, por siempre, cuidaremos y estaremos dispuestos a abogar a gritos por salvar nuestro principal pasatiempo.
¿Foul o buena?... Me apena decirlo, pero así fue: el jonrón del viernes, forjado con la madera de la grandeza, el swing inmortal de un récord y el valor inestimable de una hazañas dentro del diamante, salió buena, como gigantesca y especial conexión que es… Sin embargo, con nuestros vientos de cuaresma, por esta vez —y espero que solo por este instante así sea— lo ahuyentamos a zona foul.

Cepeda ansía otro récord


Para mí es un honor regresar al equipo nacional.
Por: Tony Díaz Susavila 14 de febrero de 2017
EL ESPIRITUANO Frederich Cepeda, astro del béisbol internacional, asistirá el mes próxi­mo a su cuarto Clásico Mundial (WBC, por sus siglas en inglés). A los 37 años de edad es reconocido como uno de los grandes dentro y fuera de la isla que lo vio nacer.
JIT se acercó al ambidextro en el estadio La­tinoamericano, donde por estos días se prepara con la vista puesta en el estadio Tokio Dome, sitio en el que Cuba debutará el 7 de marzo frente a la armada nipona, monarca de las dos primeras ediciones del evento y bronceada en la última.
¿Cuánto representa estar en esta cita después de haber jugado en el béisbol japonés?
Para mí es un honor regresar al equipo nacional. Este será mi cuarto Clásico. El 2016 fue un año muy duro. Regresé lesionado de la Liga Japonesa, en la que estuve dos años con los Gigantes de Yomiuri, y debí operarme de una rodilla y solo 15 días después del codo derecho, en que me hice la conocida cirugía de Tommy John*.
A los cinco meses de esa última comencé a jugar y tuve una pequeña recaída (inflamación) que me hizo parar, pese a que estaba bien a la ofensiva. Después de dos meses de descanso volví y me siento muy bien.
¿Que opinión tienes de Japón, único equipo que siempre ha estado en el podio con par de títulos y un tercer lugar en la historia de los clásicos?
El béisbol japonés es grande, su liga bien fuerte junto a la estadounidense y la coreana. Es un béisbol muy exacto, con gran organización y excelentes talentos salidos de la cantera de República Dominicana, Estados Unidos y otros países de América.
Allí es fuerte desde el entrenamiento hasta el juego. Es rápido, hay bateadores de fuerza y con un pitcheo de lo mejor del mundo. Los lanzado­res dominan más de cinco lanzamientos.
En los clásicos, eres el líder de Cuba en hits (31), jonrones (5), extrabases (13), im­pulsadas (23), anotadas (17) y boletos (5). ¿Qué llevas a esta edición?
He hecho una buena preparación, más per­sonalizada, pues ya no tengo 20 años. Y sumo la experiencia de haber estado más de 15 veces en la selección nacional y dos en Japón. Llevo consagración al deporte, deseos de competir en la final, entrega a mi trabajo, a mi profesión, y el empeño porque todo salga bien.
Cuando comenzaste a jugar pelota no había nacido Yoelkis Céspedes, el más joven de este equipo. ¿Cómo ves la nueva generación de peloteros cubanos?
Es muy buena. En Cuba salen y seguirán saliendo excelentes talentos, como ocurre con el fútbol en Brasil y Argentina. Sucede que hay un éxodo de peloteros hacia el extranjero que, por ejemplo, se están viendo en torneos regionales como la Serie del Caribe. Si ahora en Grandes Ligas hay el mayor número de peloteros cubanos de la historia no es por gusto. Todos esos se formaron aquí, donde hay una pelota de respeto. Aunque pasen los años siempre habrá talento.
¿A qué crees se deba la poca presencia de ambidextros en la pelota cubana?
Formar un pelotero es trabajoso. Soy zurdo solo para batear. A muchos se le hace difícil hacerlo todo doble, lo mismo al pelotero que a quien te entrena. En mi caso tuve a mi padre como entrenador y eso me ayudó. Si no tienes resultados siempre viene alguien que te dice «quédate con tu mano», o sea batea solo a la derecha en mi caso. Yo revertí eso en honor a mi papá y le cambié la mente a los que me exigie­ron mantenerme solo derecho.
Eres un gran discriminador de lanza­mientos. ¿Qué ejercicio le recomendarías a los ansiosos en el cajón de bateo?
Lo primero es creer en lo que haces durante las prácticas. Es muy importante en todas las etapas el batintín, o el soporte de bateo como se le dice, porque es una bola estática y la puedes poner en la posición que quieras y pegarle para donde desees. El pitcheo a corta distancia con diferentes lanzamientos es otra varian­te. Siempre digo que es como manejar: empiezas mirando los pedales, porque no sabes dónde están, y después lo haces con los ojos cerrados.
¿Qué representa para ti el japo­nés Sadaharu Oh?
Cuando tenía 11 años fui a Japón a una Feria Mundial de Béisbol. Viajaron también Serguei Pérez (Industriales) y Luis Miguel Navas (Santiago de Cuba). Me hice una foto con Sadaharu y al re­greso me dieron más elementos sobre quién era. Me impresionó y lo tomé como ídolo. Después hemos creado una amistad. Siempre que voy a Japón conversamos. Fue un gran pelotero y es una gran persona.
¿Has pensado retirarte tras el Clásico?
No.
Llegado el momento del adiós… ¿Trabajarías con niños, dirigirías a Sancti Spíritus hasta llegar al Cuba, o simplemente te dedica­rías a otros quehaceres alejado del béisbol?
Cuando llegue te digo, pero sí te puedo adelantar que no voy a dirigir.
Eres multirrecordista absoluto del Clásico, y esas estadísticas crecen en cada salida tuya. ¿Cuál de ellas prefieres?
Todas, pero quisiera una que no es récord y cambiaría por todas esas: ser campeón.
Nota:
*En 1974 el pítcher de los Dodgers Tommy John sufrió una lesión en el ligamento colateral medial del codo. El médico del equipo, Frank Jobe, deci­dió intentar algo que había practicado durante la guerra: sustituir ligamentos destrozados por otros del cuerpo que son “prescindibles”. El doctor Jobe lo reemplazó por un tendón del antebrazo y funcionó. Tommy John jugó hasta 1989.